Breaking Bad

Retomo, al menos momentáneamente, la actividad en este vuestro blog porque ayer arracó la segunda parte de la quinta temporada de Breaking Bad, que me imagino que no es la sexta por un tema de contratos o algo así, porque vamos a ver… si se emite un año más tarde y tiene un porrón de episodios, es otra temporada.

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Siempre me había llamado la atención el argumento de la serie, pero no fue hasta el año pasado cuando me puse con ella, prácticamente por presión social. Mi objetivo, que cumplí con creces, era llegar a a día de hoy con todos los episodios vistos, para poder seguir en tiempo real el final de la serie.

Ver todos esos episodios, a veces frenéticos y espectaculares, y otras veces pausados y plagados de detalles, ha sido un placer. En cada uno de ellos han llevado a los personajes un poco más lejos, y ahora mismo podríamos decir que los protagonistas van de culo, cuesta abajo y sin frenos.

¿Terminarán su recorrido chocando contra un montón de paja? No lo creo. Teniendo en cuenta que la serie tiene lugar en Nuevo México, yo voto por que van directos contra un cactus.

Publicado originalmente en https://fregandolosplatos.wordpress.com/ bajo licencia CC BY-NC-SA 3.0

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Snæfellsnes

Bueno, la última vez os conté nuestra visita a la península de Vatnsnes, que realmente sólo fue un paseo de unas dos horas. ¿En qué gastamos el resto del día? Pues en conducir hasta otra península islandesa, la famosa península de Snæfellsnes, y visitar parte de ella.

Esta zona de Islandia es bastante turística, y es conocida como “Islandia en miniatura”, ya que en ella podemos encontrar casi todos los rasgos típicos de la isla. Su paraje más famoso es el volcán Snæfellsjökull, el mismo que usa la expedición del profesor Otto Lidenbrock para llegar al centro de la tierra en la novela de Julio Verne, y que es posible ver desde Reykiavik. Como en esta foto, en la que es esa montaña que hay a la izquierda.

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El día se presentaba bastante complicado, con mucho viento y unas nubes que amenazaban lluvia. Con este panorama, nuestra política fue ir en dirección contraria a donde veíamos la nube más gorda, y podemos decir orgullosos que fue la estrategia ganadora, pues no tuvimos que usar el paraguas o el chubasquero.

Evidentemente, era de recibo acercarnos al Snæfellsjökull para echarle un vistazo de cerca. Cuenta la leyenda de que hay quién lo ha contemplado sin su gorro de nubes, pero no sé si creérmela.

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Otra de las cosas que abundan en la península son los faros. Y es que pocas cosas hay más épicas que un faro resistiendo imperturbable el evite de las olas. Aquí tenemos uno de fondo, en otra foto de nuestro fiel medio de transporte.

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Pero lo que más nos sorprendió de la península de Snæfellsnes fueron las playas de Djúpalónssandur y Dritvik. Era algo para lo que no estábamos preparados, ya que pensábamos que habíamos visto ya lo más impresionante del país, pero las luces del atardecer hicieron que Islandia volviese a sorprendernos una vez más.

Primero en Djúpalónssandur, famosa por sus cuatro piedras que usaban los pescadores para medir su fuerza y por los restos de un naufragio de 1948. Sin embargo, lo que no sabíamos era que tenía unas aguas azul turquesa como las que uno esperaría encontrar en una playa de El Caribe, y que combinaban increíblemente bien con la negra arena volcánica.

Djupalonssandur

Y a media hora de camino de Djúpalónssandur, atravesando un accidentado campo de lava, se llega a Dritvik. Esta playa, en una bahía, fue uno de los principales puestos pesqueros de Islandia, pero ahora su difícil acceso hacen de ella un lugar poco transitado. Nos llamó la atención una de sus formaciones rocosas, en forma de pez.

Atardecer en Dritvik

Cuando volvimos al coche ya era prácticamente de noche, así que pusimos rumbo a nuestro alojamiento de esa noche, el albergue de Grundarfjörður. Muy nuevo, con baños individuales, fue posiblemente el que más nos gustó de todo el viaje.

Ya sólo nos quedaba terminar de visitar la península de Snæfellsnes y ver los diferentes sitios de interés de la península de Reykjanes (parece que dejamos todas las penínsulas para el final del viaje), donde visitamos malolientes zonas geotermales y vimos algún maloliente secadero de pescado, pero como fueron momentos del viaje menos impresionantes, me voy a ahorrar la crónica. Eso sí, lo que no podéis hacer antes de iros es dejar de visitar los baños de la Laguna Azul, para reposar un poco vuestras doloridas piernas. Y ya en el avión, echarles un último vistazo desde arriba.

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Focas y Dinosaurios

Dejamos el lago Mývatn y nos dirigimos a una zona menos turística, la península de Vatnsnes, famosa por su colonia de focas y la formación geológica Hvítserkur. Para pasar la noche elegimos el albergue de Ósar, del que hablaban muy bien en la guía que teníamos y además era el que tenía mejor valoración en la web de albergues islandeses, así que teníamos muchas ganas de verlo. Pero primero teníamos que llegar.

Como siempre que uno se desvía de las rutas más transitadas en Islandia, el asfalto desapareció para dar paso a un camino de tierra, que además estaba en bastante mal estado, con un montón de baches llenos de agua por las lluvias de los últimos días. No me quedó muy claro si los carteles que prohibían conducir a más de 70 ó 80 km/h iban en serio o se trataban de una muestra de humor islandés, pero no creo que pasásemos de los 50 km/h en ningún momento. Tras un buen rato de pegar botes en el coche, que acabó bien rebozado de barro, llegamos por fin al albergue. Ahí vimos que no éramos lo únicos que habían decorado su vehículo, ¡al menos en el nuestro se podía leer la matrícula!

El albergue nos decepcionó mucho, muy destartalado, sin encanto, y lo que es más importante, sin calefacción ni interneeeet. Un radiador eléctrico era lo único que había para calentar la habitación, y lo tuvimos que encender nosotros al llegar. No sé en qué estarían pensando los que le habían dado una puntuación tan alta, pero de poco servía lamentarse, lo mejor era irse a dormir para coger fuerzas para el día siguiente.

Cuando nos levantamos, vimos que el cielo estaba muy nublado y que parecía que se iba a poner a llover en cualquier momento, pero no nos desanimamos y fuimos andando hasta la playa que había enfrente del albergue.

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Se suponía que en los bancos de arena que se veían desde la playa había una colonia de focas, pero estaban bastante lejos y sólo veíamos una especie de troncos. Unos troncos un poco raros, es verdad, porque tenían todos una forma muy parecía. Así que hicimos zoom con la cámara… ¡y esto es lo que vimos!

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Vaya, sí que había focas. Una pena que estuviesen tan lejos. Seguimos andando hacia Hvítserkur, que estaba a menos de un kilómetro, cuando empezamos a sentirnos observados. Resulta que teníamos dos perseguidoras:

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Focas acosadoras, eso ya estaba mejor. Ahora sólo faltaba ver de cerca Hvítserkur. Ese nombre, que significa camisa blanca, se debe a la gran cantidad de deposiciones que las aves marinas dejan encima esta curiosa formación geológica que para algunos tiene forma de rinoceronte, para otros de dinosaurio… ¿a vosotros qué os parece?

Hvítserkur

A mí me pareció impresionante, aunque teniendo en cuenta lo que nos costó llegar, no sabría decir si vale la pena desviarse hasta Ósar para ver esta zona. Ahora tocaba conducir hasta otra península, la de Snæfellsnes, sobre la que os contaré en la última (sí, ¡por fin!) entrada sobre nuestro viaje a Islandia.

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El rey ha muerto, larga vida al rey

Hace unas semanas, Google anunciaba que a partir del próximo 1 de julio su lector de feeds Google Reader dejaría de funcionar. Una noticia que cabreó a mucha gente, pero nada sorprendente después de años en los que las únicas actualizaciones de la aplicación han servido solamente para quitarle funcionalidades.

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Precisamente fue sobre este recorte de funcionalidades sobre lo que me quejé amargamente en la primera entrada de éste vuestro blog, y es que el lector de feeds es para mí una de esas aplicaciones que uso a diario y sin las que no sabría vivir.

Estaba claro que había que buscar un sucesor, y tras leer acerca de los posibles candidatos, el único que parecía satisfacer mis necesidades era Feedly. Sus creadores se han puesto las pilas para convencer a todos los usuarios de Google Reader para que se pasen a su plataforma, aunque todavía les queda camino por recorrer. Ahora mismo, Feedly simplemente es una especie de interfaz para acceder a Google Reader, y la plataforma ha sido capaz de hacer frente al aumento de usuarios. La prueba de fuego llegará el día 1 de julio, cuando tendrá que funcionar de manera independiente.

Para ver qué tal funcionaba, he estado probando Feedly este fin de semana. Aunque a continuación voy a comentar con más profundidad lo que me ha parecido, os voy a adelantar mis dos conclusiones principales.

  1. En primer lugar, que me quedo con Feedly. Como cualquier cosa nueva, cuesta un poco acostumbrarse, pero me ha parecido que en general la experiencia de uso es mejor que con Google Reader.
  2. La segunda, que da la sensación de que Google ha dejado escapar una buena oportunidad. Usar Feedly es darse cuenta de hasta qué punto Google tenía abandonado su producto, cuando lo podía haber evolucionado para hacer de él algo más actual, quizás fusionándolo con Google Currents (que a ver cuánto tarda en caer). Con este movimiento, Google deja escapar varios millones de usuarios de los que ya no conocerá sus gustos, intereses… Justo eso en lo que parece siempre tan interesado.

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Empezar a usar Feedly es muy sencillo. Simplemente hay que ir a su página web, desde donde nos instalaremos una extensión para nuestro navegador o una aplicación para nuestro dispositivo móvil, según sea el caso. Cuando termina la instalación, la aplicación nos pedirá permiso para conectarse a nuestra cuenta de Google, ya que ahora mismo Feedly utiliza los datos de Google Reader en lugar los suyos propios. Una vez hecho, esto ya podremos usar nuestra cuenta de Feedly que estará totalmente sincronizada con la de Google Reader.

¿Qué pasará a partir del 1 de julio? Desde Feedly prometen que el cambio será transparente, y que también nos podremos registrar de otras formas. Es decir, que no hará falta una cuenta de Google para usarlo. Si queréis ver la respuesta detallada a ésta y otras preguntas, además de algunos consejos para los que llegamos desde el lector de Google, os aconsejo este enlace.

Una vez metidos vuestro email y contraseña, lo normal es que la nueva interfaz os haga sentir algo perdidos. Es normal, el diseño de Google Reader era muy minimalista, y ahora además tenemos acceso a muchas más opciones y varias formas de llegar al mismo sitio.

Para aliviar un poco este efecto, podemos hacer que Feedly nos enseñe sólo los titulares de las noticias, igual que hace Google Reader. Sin embargo, según lo vayamos utilizando seguramente veamos que para algunos feeds preferimos otro tipo de vista, y aquí es donde vemos una de las principales ventajas del nuevo lector: Podemos elegir entre cuatro diferentes tipos de vistas para poner una de ellas como predeterminada, y además podemos asignar a cada feed una diferente dependiendo de nuestras necesidades. A mí en particular me encanta la versión de revista, especialmente para las aplicaciones de tableta o móvil. Es muy parecido a Flipboard, pero acordándose de qué hemos leído y qué no.

Otra nueva funcionalidad que en encontrado muy útil es que se puede configurar alguno de los feeds para que lo abra directamente en su página web de origen. Dicho así lo mismo no os dice nada, pero viene de perlas cuando algunas fuentes no ponen en el RSS toda la información, como hacen algunos periódicos. Configurando así estos feeds nos ahorremos ese siempre molesto click de más.

Evidentemente, no todo son ventajas, y antes cuando entraba en Google Reader, éste se acordaba de mis preferencias y me ponía antes los blogs que suelo leer primero. Feedly es un poco limitado en ese sentido, y nos deja empezar con las noticias del día o con todas las noticias que tengamos sin leer. En la aplicación para móviles, sin embargo, se pueden etiquetar las fuentes que se quieran como “must read”, y elegir esta etiqueta como página de inicio. Desconozco por qué esta opción no está en la versión web, pero supongo que la incluirán dentro de poco. Ahora mismo están dándolo todo, y hay una nueva versión cada pocos días, ya que van incluyendo y arreglando cositas para tener a los nuevos usuarios contentos. Mientras mejoran este aspecto, se puede acceder a algunos de nuestros feeds directamente desde la columna derecha. Puede incluso que se estos feeds de la derecha se muestren teniendo en cuenta nuestro historial, pero no lo he usado suficiente como para mojarme.

Y siguiendo con las cosas negativas, otra cosa que parece perdida es el mágico buscador made in Google que permitía encontrar casi cualquier cosa. Por lo que he probado, el que viene con feedly es bastante peor. Como peor es también la velocidad de acceso, incluso cuando lo usamos la vista más simple. Esto no es problema si contamos con conexión wifi o cobertura de datos en condiciones, pero lo podemos pasar mal si tenemos una conexión regulera.

Estos pocos aspectos negativos aparte, creo que nos encontramos frente a un digno sucesor. Como ya digo, una vez acostumbrados, creo que disfrutaremos más con este lector que con Google Reader. Quedan aún por resolverse algunas cuestiones, como si ese cambio se hará realmente sin problemas el 1 de julio, y más importante aún, qué recorrido le queda al RSS.

Las grandes de internet ya han demostrado que no están interesadas en este tipo de tratamiento de la información, pero yo creo que a los usuarios nos viene muy bien. El RSS permite a los bloggers fidelizar a sus lectores y a los lectores no perdernos las entradas de nuestros bloggers favoritos. Sin él, muchas veces no queda más remedio que pasar por el filtro de Facebook, Twitter o G+, y por ese camino no me queda tan claro si somos nosotros los que seguimos decidiendo qué leemos, o si deciden por nosotros. Así que ya sabéis:

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Dimmuborgir

Bueno, nos quedamos atrapados en nuestro confortable hotel, pero al cabo de un par de días las carreteras volvían a estar limpias de nieve y nosotros teníamos que retomar nuestro viaje. Igual que yo tengo que retomar esto de escribir más a menudo… pero vamos al tema, que me lío.

Ya habíamos desatascado nuestro coche la tarde anterior para remojarnos en los baños naturales de Mývatn -toda una experiencia meternos en el agua caliente rodeados de nieve- y por la zona lo único que no habíamos siquiera visto era Dimmuborgir, así que antes de irnos nos asomamos por si el acceso estaba abierto. Lo estaba, y sorprendentemente, había bastante gente, lo que en Islandia quiere decir que no puedes dejar el coche en cualquier lado, sino que tuvimos que buscar un sitio que no estuviera ocupado y sin demasiada nieve.

Dimmuborgir es uno de los lugares más famosos de Islandia, aunque a más gente le sonará el nombre por el grupo de black metal que se llama igual que este sitio. Consiste en un campo de lava con formaciones enormes, de hecho su nombre significa “fortalezas oscuras”. No era uno de los “must” de mi lista porque las fotos que había visto no me habían impresionado. Seguro que tenían un gran interés geológico, pero bonitas lo que se dice bonitas no eran. Pero claro… en esas fotos no estaba todo lleno de nieve.

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Nos encontramos con un paisaje espectacular: las rocas más altas sobresalían varios metros por encima de la nieve que se había acumulado entre ellas, y la vegetación empezaba ya a reflejar los colores del otoño.

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En Dimmuborgir hay varias rutas que recorren el campo de lava, pero cuando fuimos todas estaban sepultadas por la nieve, excepto una en la que había una especie de surco que evitaba hundirse en la nieve hasta las rodillas. No sabemos si lo había hecho alguien para facilitar el acceso, o si había sido abierto por los visitantes más madrugadores, pero en cualquier caso tenía su mérito.

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No sé si por las fotos parece que pasamos frío, pero la verdad es que tuvimos que quitarnos las chaquetas y todo, porque entre el sol que pegaba a base de bien, el viento que por primera vez en días no soplaba casi, y la caminata, al final acabamos sudando.

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En fin… Una forma perfecta de despedirnos de la zona antes de poner rumbo a… ¡no os perdáis los siguientes capítulos!

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Iceland Landscapes, de David Bergmann

Hago ahora un pequeño alto en la crónica de nuestras aventuras en Islandia, igual que éstas sufrieron un parón a causa de la tremenda nevada que nos cayó en el lago Mývatn.

Después de desayunar y aceptar que no podríamos visitar nada ése día, entre los libros del hotel encontré uno que me llamó la atención. Se llamaba Iceland Landscapes y estaba firmado por un fotógrafo islandés llamado David Bergmann. Y cuando digo firmado, lo digo en dos sentidos: él era el autor del libro y en la primera página había una dedicatoria suya para el hotel.

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Con todo el día por delante, el libro fue cayendo a ratos, aunque me hubiese gustado leerlo más tranquilamente. No es que hubiese mucho para leer, porque realmente el libro consiste en unas 120 fotos, así que es más de ver que otra cosa, pero cada una de las fotos viene acompañada por sus detalles técnicos y la historia de su captura, y creo que esas cosas se aprecian mejor en pequeñas dosis.

Me llamó mucho la atención la variedad de las fotos, con paisajes, naturaleza, fauna, fotografía abstracta… y su calidad. La mayoría tenía algún detalle que la diferenciaba de la típica fotografía de un iceberg, montaña, pájaro o lo que fuera. Podéis ver a qué me refiero echando un ojo a su galería online. En esto, y en sus explicaciones, se notaba que el autor es un enamorado de Islandia, y de hecho, pasa gran parte de su tiempo recorriendo la isla, bien para hacer fotografías o bien para guiar a otros en expediciones fotográficas.

En resumen, un libro muy recomendable. Si queréis saber un poco más sobre él, en este blog hay muchas fotos y un buen análisis de su contenido, aunque si os interesa leerlo creo que la única forma de conseguirlo es comprándolo en su página web, y no es nada barato :S Pero bueno, al menos podemos investigar la galería online de David Bergmann por la cara…

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Nevada por sorpresa

Me salto ahora una parte del viaje, porque la idea era sólo contaros las partes más llamativas, para que veáis qué nos encontramos en Mývatn.

Tras dejar atrás el sur de Islandia y sus fiordos del este, pusimos rumbo al norte, hacia el lago Mývatn. Este lago es muy conocido porque a su alrededor hay muchos puntos de interés: Krafla, Námafjall, el cráter Hverfell, Dimmuborgir, los pseudocráteres de Skutustadir, las fisuras Stóragjá y Grjótagjá, unos baños naturales, etc.

Llegamos por la tarde y hacía muy malo: llovía, la temperatura había bajado bastante, y el viento soplaba con fuerza. Como no apetecía andar mucho con ese panorama, decidimos hacer un tour rápido por la zona para ver qué nos gustaba más para visitar los siguientes días, y nos fuimos al hotel.

Sí, habéis leído bien: un hotel. Era el único que habíamos reservado en todo el viaje, porque no encontramos ningún albergue que nos gustase en la zona, y porque pensamos que después de varios días durmiendo en saco de dormir molaría una cama con sábanas y mantas en condiciones. Además, la idea era hacer muchas caminatas durante los tres días que íbamos a estar en la zona, y nos vendrían bien las comodidades del hotel para estar más descansados.

Lo único malo era la previsión del tiempo: decían que iba a llover mucho por lo menos el día siguiente (¡unos 60 lítros!), y que las temperaturas iban a bajar. Es más, en eltiempo.es decían que iba a nevar una barbaridad. Menos mal que para nuestra tranquilidad las páginas islandesas sólo ponían lluvia, ¿y quién iba a saber más que los propios islandeses? Con eso en la cabeza nos fuimos a la cama, para encontrarnos el día siguiente con…

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Nieve, mucha nieve. Ésas eran las vistas desde nuestra ventana. Podéis ver a las ovejas intentando resguardarse acercándose a la casa. La temperatura había bajado un poco más de lo previsto, y toda la lluvia que iba a caer lo había hecho en forma de nieve. No es raro que nieve en septiembre en Islandia, pero se había batido un récord en cuanto a su cantidad. De hecho, una de nuestras ventanas estaba parcialmente cubierta de nieve, esta es una foto del hotel por fuera:

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Por cierto, esta vez las fotos nos son mías, sino de catsandroids, que además de la conductora titular con nieve, también es especialista en fotos en condiciones extremas.

La nevada había pillado a los islandeses por sorpresa, con las máquinas quitanieves guardadas y las ovejas sueltas pastando por los campos. ¿El resultado? Carreteras cortadas y 13000 ovejas en paradero desconocido. Los granjeros islandeses normalmente las dejan sueltas hasta octubre, cuando las inclemencias meteorológicas son demasiado para las ovejas y entonces las recogen y las ponen a cubierto. En esta ocasión, tuvieron que coger sus motos de nieve para ir a rescatarlas, llegando a cavar en ocasiones hasta 2 metros para alcanzar a alguna, y descubriendo a veces que los zorros árticos habían llegado antes. Justo el día anterior nos habíamos cruzado con uno, y nos pareció que saltaba feliz, quizás porque anticipaba que iba a tener comida congelada para todo el invierno 😛

Con este panorama, evidentemente no nos atrevimos a coger el coche, que se veía así:

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Ni tampoco nos animamos a coger una de las bicis del hotel:

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Realmente, nuestra única opción era quedarnos en el hotel hasta que la cosa mejorara, y la verdad es que se portaron bastante bien con nosotros invitándonos a infusiones y gofres. En total fue un día y medio el tiempo que pasamos recluidos, pero viéndolo con perspectiva tuvimos mucha suerte. En primer lugar, la nevada cayó justo después de que llegásemos al hotel y, como íbamos a pasar tres noches, ya estaba todo despejado cuando teníamos que irnos. Hubo gente que tuvo que cambiar reservas y tirarse un par de días conduciendo como locos para llegar a coger su avión. Lo segundo, también hubo cortes de luz, pero afortunadamente nuestro hotel tenía generador propio. Y lo último y más importante… ¡los días siguientes fueron impresionantes, con todo el paisaje lleno de nieve! ¡Nos os perdáis los siguientes capítulos!

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