Landmannalaugar

Preguntando a algunos amigos que ya habían estado en Islandia, parecía que había un sitio que no había que perderse: Landmannalaugar. El problema es que es un sitio que está en el interior de la isla, y al alejarse de la costa empieza a hacer frío de verdad. De hecho, las excursiones organizadas al interior suelen hacerse desde junio a mediados de agosto, así que teniendo en cuenta que nosotros íbamos en septiembre, dudábamos que visitar Landmannalaugar fuese una gran idea. Por si eso fuera poco, es difícil llegar, y parecía que las opciones eran o ir con todoterreno por caminos en los que podría haber ríos que vadear, o bien coger un autobús que sólo te dejaba estar ahí dos horas a no ser que cogieses el del día siguiente tras pasar ahí la noche en tienda de campaña.

Así que como la decisión era muy difícil, hicimos lo que mejor se nos da: dejarla para más adelante 😀 Reservamos los albergues de tal forma que pegándonos una paliza podríamos ver Landmannalaugar dejando sólo de visitar un par de sitios menos importantes, y alquilamos un todoterreno porque, total, por caminos de tierra nos íbamos a meter de todas formas.

Una vez en Islandia, la previsión del tiempo decía que iba a hacer bueno cuando estuviésemos por la zona, así que nos informamos mejor de cómo llegar. Según nos contaron en la oficina de turismo de Reikiavik, había una ruta que llegaba a Landmannalaugar sin atravesar ningún río, al menos en esa época del año. Por si llega a este blog alguien que esté planeando su viaje a Islandia, aquí va un protip: el camino sin cruzar ríos consiste en coger la carretera 32 hacia el norte, pasar la central eléctrica, seguir un poco hasta el cruce con la F208, y ahí coger ésta última que va directa hasta Landmannalaugar. La 32 no está bien mapeada en Google Maps, así que si miráis ahí cómo llegar, os lo va a poner mal.

Con todo más o menos claro, nos pusimos en marcha un poco antes de lo habitual. Habíamos pasado la noche en el albergue de Árnes, que ya está en la carretera 32 y sólo a 100 km de nuestro destino, pero no nos fiábamos de las carreteras “F” Islandesas, que sólo son aptas para vehículos con tracción a las cuatro ruedas, y suponíamos que muy deprisa no íbamos a poder conducir.

Tras un tiempo conduciendo por la 32, con unas estupendas vistas del volcán Hekla a la derecha y de ovejas y caballos por todos lados, llegamos al cruce con la F208 con un cartel que ponía “Landmannalaugar”, por si teníamos alguna duda. Y es que antes nos habíamos despistado un poco con un falso cruce que nos hizo parar a preguntar, lo típico que pasa cuando vas por una carretera semidesierta, que te preguntas si te has equivocado de camino 😛

Al coger la F208 tenemos nuestro primer contacto con las “carreteras” sin asfaltar islandesas. Pongo lo de “carreteras” entre comillas porque ir por ellas es casi igual que conducir por caminos españoles. Una de las pocas diferencias es que la F208 es negra como el carbón. Origen 100% volcánico. No acepten imitaciones. Otra diferencia… bueno, mirad la foto.

Camino a Landmannalaugar

El paisaje empezó a cambiar rápidamente y por todas partes salían unas montañas raras, de color negro y rojo y con parches de musgo verde. Destacaban mucho en medio de la llanura de tierra negra. A pesar de lo desolado del terreno, de lo que no podíamos librarnos era de las ovejas. Normalmente estaban en parejas o grupos de tres en partes del terreno con algo de verde, pero de vez en cuando también se encontraban en medio de zonas totalmente desoladas. Siempre que pasábamos nos seguían con la mirada, igual que hacen los viejos de mi pueblo cuando pasas por delante de ellos mientras toman el fresco en la puerta de su casa. Lo único que ellos suelen empezar a hablar en cuanto creen que no les oyes, mientras que las ovejas islandesas se quedaban calladas, como rumiando (pun intended) sus pensamientos.

La verdad es que la carretera era incómoda por los baches y todos los charcos que había que sortear, pero sólo nos parecieron peligrosos un par de tramos cortos que tenían mucha pendiente. Al cabo de casi una hora conduciendo por la F208 ya empezábamos a divisar Landmannalaugar. Nosotros no lo sabíamos, pero en esta foto desde el coche ya se veían Bláhnjúkur, la montaña que pensábamos subir, y Brennisteinsalda, la que subimos finalmente. Las he señalado con una flecha azul y una roja, respectivamente. ¡Fijaos en que tenían nieve!

Al poco rato llegamos al parking que había antes del camping. Si se quiere pasar la noche en este sitio, prácticamente la única opción es llevarte la tienda de campaña o una caravana. Eso sí, se pueden usar la cocina, y los baños y duchas que hay en unas cabañas. Creo que también tienen algunas literas, pero muy difíciles de reservar. En el mismo camping hay otro aparcamiento, pero para llegar a él había que atravesar un riachuelo. Parecía muy fácil, pero no quisimos arriesgar la integridad de nuestro coche por ahorrarnos 500 metros a pata. Os pongo la foto de un valiente:

En nombre Landmannalaugar significa algo así como “baños de la gente”, y efectivamente había unos baños termales y gente disfrutando de ellos. Nosotros decidimos pasar porque íbamos a estar poco tiempo y porque aunque el termómetro del coche marcase 6º, que ya es poco, venía un viento helado que hizo que nos pusiésemos el gorro y los guantes. Como no, también había ovejas, aquí las podéis ver con el campo de lava al fondo. Efectivamente: las ovejas islandesas tienen cuernos. Además pegan buenos saltos, lo que me hizo desarrollar la teoría de que son cabras disfrazadas.

La gente suele ir a Landmannalaugar para pasar un día completo o incluso varios haciendo senderismo. Como nosotros disponíamos de menos tiempo, nuestra idea era recorrer la ruta 6 de la guía Rother, que salía del camping atravesando el campo de lava, giraba a la izquierda pasando por la zona geotérmica, volvía a girar para subir Bláhnjúkur, y terminaba bajando otra vez hasta el camping en un recorrido de unas 3 horas. Así que enfilamos hacia el campo de lava, siguiendo a unos cuantos visitantes que acababan de llegar en autobús (4×4, of course).

El paisaje era muy bonito, con el campo de lava negro azulado con sus trozos de musgo y las montañas al fondo. Yo no tenía muy claro cuál podía ser Bláhnjúkur, porque según mis cálculos era una cacho montaña con un montón de nieve por la que parecía que no subía ningún camino, y la Rother no nos sugeriría tal ruta, ¿verdad? Error, luego descubrimos que sí que era esa. Mirad la foto y decidme si veis fácil subir y volver, todo en un par de horas.

Bláhnjúkur

Al fondo se veían las montañas nevadas que salen en todas las fotos. La verdad es que era un paisaje muy raro, tanto que parecía pintado. Cuando llegamos al final del campo de lava pudimos verlas de más de cerca, pero la sensación de irrealidad seguía ahí. Lo mismo pasa con las fotos que hicimos. Fijaos también en cuánta nieve tenían y en que hay algunos puntos blancos en el prado de abajo. Ovejas, cómo no.

Después de pasar el campo de lava llegamos a la parte geotérmica, que tenía alguna solfarata maloliente, aunque nada comparado con las que veríamos otros días del viaje. En este punto nos fijamos en que nadie iba por la ruta que pensábamos hacer y tampoco vimos ningún camino marcado. En cambio, la mayoría de los visitantes subían a Brennisteinsalda y volvían otra vez por el campo de lava hasta el cámping, así que decidimos imitarles.

La subida hasta Brennisteinsalda resultó bastante fácil, aunque en algún punto el viento soplaba tan fuerte que parecía que nos podía derribar. Las vistas empezaban a ser espectaculares, y se podían ver montones de colinas con colores raros alrededor de nosotros.

Vistas desde Brennisteinsalda

De la nieve que se veía antes a lo lejos ya casi no quedaba nada, aunque sí que había bastante en alguna de las colinas vecinas que estaban más resguardadas del sol.

Finalmente, coronamos, y en la cima sí que el viento parecía que te podía levantar y mandarte hacia abajo por la vía rápida, así que no nos entretuvimos mucho ahí arriba. Podéis disfrutar de las vistas de 360º desde Brennisteinsalda en este enlace, ¡y sin frío ni viento!

Como ya era un poco tarde, intentamos darnos prisa para volver al coche, aunque como entonces el sol ya calentaba algo y el viento empezaba a amainar, no pudimos resistir la tentación de pararnos a hacer unas cuantas fotos más. La pradera que hay entre las montañas de lava y las montañas resulta que es un campo de algodón.

Montañas entre Algodones

Como véis, la mayoría de la nieve ya se había derretido. Se podía estar sin guantes ni gorro y se estaba mucho más a gusto, así que empecé a jugar con encuadres del campo de lava con las montañas al fondo. Ahora no sé cuál me gusta más ¿vertical u horizontal?

Landmannalaugar I

Landmannalaugar II

De todas formas, al final nos dimos cuenta de que aún teníamos mucho que hacer por delante, y tomamos el camino de vuelta. Al poco rato, el campo de lava se acabó y ya se veía el camping.

Había gente cocinando, pero como teníamos prisa y el coche a medio kilómetro, decidimos tomarnos un sandwich rápidamente en el mismo coche y seguir con el viaje. Aún nos daría tiempo de visitar la granja de Stöng, y las cataratas Seljalandsfoss y Skogarfoss, que por suerte estaba a un paseo del albergue, donde pudimos dejarnos caer rendidos 😀

[Actualización 16-10-2012] Por lo que veo, sí que hay gente que sube a Bláhnjúkur, o mejor dicho “gatea hasta la cima”. Eso es lo que cuenta un aventurero en su blog, que encima luego volvió a la carretera 1 por el camino sur, atravesando ríos con su bici. Qué crack.

Publicado originalmente en https://fregandolosplatos.wordpress.com/ bajo licencia CC BY-NC-SA 3.0

Aurora Borealis

La idea inicial era irnos a Islandia en agosto, pero por varias razones al final nos venía mejor cogernos las vacaciones en septiembre. Aquí llegaron nuestras dudas: ¿realmente era buena idea irse en septiembre a un país que se llama ICEland? Mirando las estadísticas parecía que normalmente sólo hace un poco más de fresquito en septiembre (que ya es bastante), pero que llovía más, mala cosa para hacer turismo. Al final, nos lanzamos a la piscina porque irse en septiembre tenía una ventaja: noches más largas, lo que aumenta las posiblidades de ver la auroral boreal, y encima se supone que este año y el que viene hay un pico de actividad solar, lo que significa auroras más frecuentes y más fuertes…. Muy mal se nos tenía que dar para perdérnosla, ¿no?

Ya con las ideas claras, nos informamos sobre cómo ver la aurora. Resulta que para poder verla básicamente se tienen que cumplir los siguientes requisitos y tener un poco de suerte:

  • Que sea de noche
  • Cielo despejado
  • Que haya suficiente actividad para la latitud en la que te encuentras.

Como véis, en España lo tenemos difícil sólo por el último punto. En Islandia descubrimos que el problema eran… ¡exactamente, las nubes! Así que tocaba estar atento a dos predicciones, por un lado la meteorológica, y por otro la de actividad de auroras. Para la predicción de auroras, lo mejor es la página del Instituto Geofísico de Alaska. Tienen una predicción a largo plazo, que ya os digo yo que no sirve de mucho, y otras dos a corto plazo, de un día y de una hora. Yo lo que recomiendo es mirar con frecuencia esta última, y si pone que hay actividad y no hay muchas nubes, salir corriendo del hotel, albergue, o tienda de campaña. No os arrepentiréis 😉

Con los deberes hechos, a los pocos días llegó nuestra primera oportunidad para ver la aurora, pero tuvimos un problema: estábamos en el único albergue de todo el viaje en el que no teníamos internet, así que nos quedábamos sin predicción. La primera noche parecía que había bastantes nubes y estábamos matados, así que nos fuimos directamente a la cama.

A la siguiente noche en el mismo sitio el cielo estaba totalmente despejado, así que parecía un crimen no salir a echar un vistazo. Tras un rato esperando, parecía que no se veía nada. Me acerqué a unos tipos con trípodes y linternas de minero que parecían bastante profesionales y les pregunté acerca de las posibilidades de ver la aurora esa noche. Según ellos, casi ninguna. Dijeron que el día anterior había sido mucho mejor, y nosotros nos lo perdimos ¡qué pena! Así que tocaba irse a la cama ya.

De todas formas, para ir “entrenando” la cámara, hice algunas fotos de las estrellas.

Ursa Major

En esta, por ejemplo, se ve perfectamente la osa mayor. La razón de que el cielo esté tan claro por debajo es que la luna estaba casi llena y su luz se reflejaba en los glaciares de las montañas que se ven al fondo. También, si os fijáis en la zona central de la foto, tiene cierto tono verde. Yo me dí cuenta jugando con la foto en el ordenador, y creo que podría ser una mínima actividad de aurora, que cuando es más débil se supone que se ve pálida y en el horizonte (porque está más al norte), mientras que si es fuerte es más brillante y se sitúa más al sur, de forma que la ves encima de tu cabeza. De todas formas, nunca sabré si había algo de aurora o es cosa de la cámara…

Via Lactea

En esta otra foto intenté que se notase la Vía Láctea lo máximo posible. Algo se nota, y me gusta cómo queda con esa nube pasando por delante.

A la noche siguiente ya cambiábamos de albergue y volvíamos a tener internet. La cosa no pintaba bastante bien porque no se preveía mucha actividad, pero según los del tiempo iba a ser la única noche despejada en unos días, así que había que estar preparados.

Estábamos mirando por la ventana (hacía un viento que no veas), cuando ví que la predicción en una hora subía a nivel “moderado”. Cogí el gorro y los guantes, y salí a echar un vistazo. Se veían unas nubes raras cerca de donde estaba saliendo la luna. ¿Nubes altas iluminadas por la luna o aurora boreal? Hice una foto con la cámara configurada para captar toda la luz posible, a ver qué se veía (lo que, según leí después aquí, es un buen método para saber si se está cociendo algo), y esto es lo que mostró la pantalla de la cámara:

Aurora Borealis 1

¡No eran nubes! (¡Y el encuadre era increíblemente bueno para haberlo hecho a ojo! ¡Hasta el horizonte estaba recto!) Avisé corriendo a catsandroids porque no sabía cuánto iba a durar, pero según pasaba el tiempo estaba claro que la cosa iba a más. El verde de la aurora era ya claramente visible a simple vista. En la siguiente foto bajé la sensibilidad de la cámara a la mitad, y se veía casi con tanta fuerza como en la primera.

Aurora Borealis 2

Si os fijáis, un poquito más arriba de la luna y a la derecha hay un grupito de estrellas, el cúmulo de las Pléyades. Si pincháis en la foto y vais a flickr, veréis que las he marcado en la imagen. Si alguno reconoce más estrellas o constelaciones, le animo a añadir notas a las fotos 🙂

Aurora Borealis 3

Como había unas cuantas farolas en el sitio en el que estábamos, cogimos el coche y fuimos a un sitio más apartado para librarnos de la contaminación lumínica. Cuando llegamos la cosa ya estaba a tope, con arcos de luz que iban de este a oeste pasando por encima de nuestras cabezas.

Aurora Borealis 4

De todas formas, las fotos son un poco engañosas, porque puse un poco más tiempo de exposición de lo normal, aunque se viesen las trazas de las estrellas, simplemente porque me pareció que así se veía bien en la pantalla de la cámara. Realmente era más o menos la mitad de brillante, pero en algunos momentos abarcaba casi todo el cielo, con lo que era más impresionante en vivo y en directo. Cambiaba aparentemente muy despacio, aunque en cuanto te quedabas embobado en una dirección ya había algo nuevo en la contraria. La siguiente foto era lo que se veía justo encima de nuestras cabezas. Creo que es la más realista de todas, la intensidad había bajado un poco y ese cielo azul con bandas translúcidas verdes era más o menos lo que se veía a simple vista.

Aurora Borealis 5
Estuvimos un buen rato a pesar del frío y el viento (que notaréis cómo movía el trípode si ampliáis las fotos :S), hasta que la cosa iba poco a poco disminuyendo, y decidimos volvernos al albergue.

Durante el resto del viaje tuvimos más noches despejadas, pero ninguna con una previsión mejor de auroras y sí con bastante más frío, así que nos dimos por satisfechos con esta experiencia, que fue totalmente impresionante. Ver como va cambiando y se va iluminando de esa forma el cielo parece obra de algún poder sobrenatural, así que si tenéis la oportunidad de ver una aurora, no la desperdiciéis aunque eso signifique pasar algo de sueño y frío 😀

Publicado originalmente en https://fregandolosplatos.wordpress.com/ bajo licencia CC BY-NC-SA 3.0

Skyr

¡Hola de nuevo! Ya estoy de vuelta y tengo que decir que Islandia me ha encantado. No sólo es un país con cosas alucinantes que ver, sino que además los pocos turistas que hay y el buen rollo que llevan hace que la visita se disfrute aún más.

Lo suyo es que ahora os pusiese algunas fotos y, por qué no, explicase también algunos detalles y consejos para visitar algunos sitios, que una vez allí he echado en falta más exactitud en las guías de viaje y en los centro de información. El problema es que cuando vuelves con las tarjetas de la cámara rebosantes de fotos es muy difícil decidirse por dónde empezar, así que para romper el hielo voy a hablar de yogures.

Sip, de yogures.

Cuando uno llega a Islandia, se da cuenta de que la comida típica de allí es bastante limitada. Que si platos de cordero (hay ovejas por todas partes), algunos de pescado, y los omnipresentes perritos y hamburguesas. Luego hay algún plato emblemático, como el tiburón fermentado (no muy recomendable), o el skyr.

Skyr

¿Qué es el skyr? Pues una especie de yogur a base de leche de vaca y origen Islandés que está muy muy bueno. Lo hacen de todos los sabores, y tiene una textura densa muy particular. Para que os hagáis una idea, cuando probé el de fresa me recordó al petit sussie.

Si alguno de vosotros se preocupa por ese tipo de cosas cosas me dirá: “¿Parecido al petit suisse? Debe tener un montón de grasa” (yo lo sé porque mi madre sólo me daba uno con esa razón :(). Pues sorprendentemente, no. Tiene poquísima. Es un yogur parecido al petit suisse, con apenas grasa y mucho calcio (lo que hace que sea más saciante). Un producto que se vendería a espuertas si José Coronado lo anunciase en la tele.

¿Por qué entonces no lo vemos por estas latitudes? ¿A nadie se le ha ocurrido importarlo o hay algo más que nos quieren ocultar? Yo no tengo ni idea, pero si alguno de vosotros sabe cómo montar una cadena de importación, que me avise que nos forramos 😀

Publicado originalmente en https://fregandolosplatos.wordpress.com/ bajo licencia CC BY-NC-SA 3.0

Aquí os quedáis

Desde que volví de vacaciones más o menos he ido cumpliendo mi objetivo y he publicado 4 entradas (5 con ésta) en 15 días, pero me temo ya que no voy a poder seguir ese ritmo. El problema es que… ¡me vuelvo a ir de vacaciones! ¡A Islandia!

Estoy muy ilusionado con el viaje porque lo que más me gusta es el turismo de naturaleza, y en ese sentido Islandia es una de las mejores opciones: volcanes, campos de lava, fumarolas, géiseres, glaciares, fiordos, playas, cascadas… Eso sí, aunque me guste mucho eso de estar al aire libre, odio la lluvia: me siento torpe con la mochila, paraguas, abrigo y encima intentando hacer fotos, y no disfruto igual. Para intentar evitar esto me he comprado un super-chubasquero que espero que funcione bien.

Otro problema es el frío. No porque vaya a hacer muchísimo, sino porque irse a un sitio donde hace rasca implica meter mucha más ropa en la maleta, y eso es un coñazo cuando tienes que abrirla y cerrarla la mayoría de los días. Si encima llevas dentro un saco de dormir, más coñazo todavía.

De todas formas, espero que estas pegas se queden sólo en pequeñas molestias y nos lo pasemos muy bien. Como ya os habréis imaginado, no os podréis librar de fotos y historietas cuando vuelva por estos lares.

¡Hasta pronto!

PD: Sip, la de arriba es mi propia maleta. Lo de las pegatinas empezó cuando la compré, hace ocho años. Me dí cuenta de que en la cinta de recogida de equipaje había montones de maletas negras parecidas a la mía, así que le puse la bandera de Bélgica (estaba en Bruselas) para reconocerla más fácilmente, y se convirtió en tradición comprar una pegatina en cada sitio que voy y ponérsela, aunque a veces se me olvida.

Publicado originalmente en https://fregandolosplatos.wordpress.com/ bajo licencia CC BY-NC-SA 3.0

Gigantes

Parece mentira que con mi pueblo a 30 minutos en coche nunca había hecho una visita a Campo de Criptana para ver sus famosos molinos. Los había visto alguna vez de pasada, pero no es lo mismo que pasear entre ellos mientras el sol va bajando en el horizonte 🙂

Publicado originalmente en https://fregandolosplatos.wordpress.com/ bajo licencia CC BY-NC-SA 3.0

Into the Mist

La primera vez que estuve en Londres me llevé una pequeña decepción: ¡no había niebla! La explicación que me dieron es que la famosa niebla londinense es cosa del pasado, de cuando la ciudad -en plena Revolución Industrial- se llenaba de humo procedente de la quema de carbón. Es decir, que no era fog, sino smog.

Sin embargo, como en toda ciudad a las orillas de un río, de vez en cuando hay niebla normal, como esta que vimos desde Greenwich Park. No se disipó en todo el día, y el Sol no tuvo más remedio que hundirse en ella.

Publicado originalmente en https://fregandolosplatos.wordpress.com/ bajo licencia CC BY-NC-SA 3.0

Postal desde Londres

El pasado fin de semana estuve en Londres y me lo pasé genial. Como ya había estado antes aproveché para ver otras cosas menos típicas, y la verdad es que mi idea de cómo es la ciudad cambió totalmente. Si la vez anterior me había dado la impresión de que Londres era más bulliciosa y estresante que Madrid, ahora he vuelto pensando que es un buen lugar para vivir… ¡aunque ese metro necesita una reforma!

De todas formas, justo antes de coger el avión, no pudimos dejar de pasarnos por el centro para llevarnos esta postal (click en la imagen para verla en grande):

Publicado originalmente en https://fregandolosplatos.wordpress.com/ bajo licencia CC BY-NC-SA 3.0