Snæfellsnes

Bueno, la última vez os conté nuestra visita a la península de Vatnsnes, que realmente sólo fue un paseo de unas dos horas. ¿En qué gastamos el resto del día? Pues en conducir hasta otra península islandesa, la famosa península de Snæfellsnes, y visitar parte de ella.

Esta zona de Islandia es bastante turística, y es conocida como “Islandia en miniatura”, ya que en ella podemos encontrar casi todos los rasgos típicos de la isla. Su paraje más famoso es el volcán Snæfellsjökull, el mismo que usa la expedición del profesor Otto Lidenbrock para llegar al centro de la tierra en la novela de Julio Verne, y que es posible ver desde Reykiavik. Como en esta foto, en la que es esa montaña que hay a la izquierda.

snaefellsnes1

El día se presentaba bastante complicado, con mucho viento y unas nubes que amenazaban lluvia. Con este panorama, nuestra política fue ir en dirección contraria a donde veíamos la nube más gorda, y podemos decir orgullosos que fue la estrategia ganadora, pues no tuvimos que usar el paraguas o el chubasquero.

Evidentemente, era de recibo acercarnos al Snæfellsjökull para echarle un vistazo de cerca. Cuenta la leyenda de que hay quién lo ha contemplado sin su gorro de nubes, pero no sé si creérmela.

snaefellsnes2

Otra de las cosas que abundan en la península son los faros. Y es que pocas cosas hay más épicas que un faro resistiendo imperturbable el evite de las olas. Aquí tenemos uno de fondo, en otra foto de nuestro fiel medio de transporte.

snaefellsnes3

Pero lo que más nos sorprendió de la península de Snæfellsnes fueron las playas de Djúpalónssandur y Dritvik. Era algo para lo que no estábamos preparados, ya que pensábamos que habíamos visto ya lo más impresionante del país, pero las luces del atardecer hicieron que Islandia volviese a sorprendernos una vez más.

Primero en Djúpalónssandur, famosa por sus cuatro piedras que usaban los pescadores para medir su fuerza y por los restos de un naufragio de 1948. Sin embargo, lo que no sabíamos era que tenía unas aguas azul turquesa como las que uno esperaría encontrar en una playa de El Caribe, y que combinaban increíblemente bien con la negra arena volcánica.

Djupalonssandur

Y a media hora de camino de Djúpalónssandur, atravesando un accidentado campo de lava, se llega a Dritvik. Esta playa, en una bahía, fue uno de los principales puestos pesqueros de Islandia, pero ahora su difícil acceso hacen de ella un lugar poco transitado. Nos llamó la atención una de sus formaciones rocosas, en forma de pez.

Atardecer en Dritvik

Cuando volvimos al coche ya era prácticamente de noche, así que pusimos rumbo a nuestro alojamiento de esa noche, el albergue de Grundarfjörður. Muy nuevo, con baños individuales, fue posiblemente el que más nos gustó de todo el viaje.

Ya sólo nos quedaba terminar de visitar la península de Snæfellsnes y ver los diferentes sitios de interés de la península de Reykjanes (parece que dejamos todas las penínsulas para el final del viaje), donde visitamos malolientes zonas geotermales y vimos algún maloliente secadero de pescado, pero como fueron momentos del viaje menos impresionantes, me voy a ahorrar la crónica. Eso sí, lo que no podéis hacer antes de iros es dejar de visitar los baños de la Laguna Azul, para reposar un poco vuestras doloridas piernas. Y ya en el avión, echarles un último vistazo desde arriba.

snaefellsnes4
Publicado originalmente en https://fregandolosplatos.wordpress.com/ bajo licencia CC BY-NC-SA 3.0

Anuncios

Focas y Dinosaurios

Dejamos el lago Mývatn y nos dirigimos a una zona menos turística, la península de Vatnsnes, famosa por su colonia de focas y la formación geológica Hvítserkur. Para pasar la noche elegimos el albergue de Ósar, del que hablaban muy bien en la guía que teníamos y además era el que tenía mejor valoración en la web de albergues islandeses, así que teníamos muchas ganas de verlo. Pero primero teníamos que llegar.

Como siempre que uno se desvía de las rutas más transitadas en Islandia, el asfalto desapareció para dar paso a un camino de tierra, que además estaba en bastante mal estado, con un montón de baches llenos de agua por las lluvias de los últimos días. No me quedó muy claro si los carteles que prohibían conducir a más de 70 ó 80 km/h iban en serio o se trataban de una muestra de humor islandés, pero no creo que pasásemos de los 50 km/h en ningún momento. Tras un buen rato de pegar botes en el coche, que acabó bien rebozado de barro, llegamos por fin al albergue. Ahí vimos que no éramos lo únicos que habían decorado su vehículo, ¡al menos en el nuestro se podía leer la matrícula!

El albergue nos decepcionó mucho, muy destartalado, sin encanto, y lo que es más importante, sin calefacción ni interneeeet. Un radiador eléctrico era lo único que había para calentar la habitación, y lo tuvimos que encender nosotros al llegar. No sé en qué estarían pensando los que le habían dado una puntuación tan alta, pero de poco servía lamentarse, lo mejor era irse a dormir para coger fuerzas para el día siguiente.

Cuando nos levantamos, vimos que el cielo estaba muy nublado y que parecía que se iba a poner a llover en cualquier momento, pero no nos desanimamos y fuimos andando hasta la playa que había enfrente del albergue.

focas1

Se suponía que en los bancos de arena que se veían desde la playa había una colonia de focas, pero estaban bastante lejos y sólo veíamos una especie de troncos. Unos troncos un poco raros, es verdad, porque tenían todos una forma muy parecía. Así que hicimos zoom con la cámara… ¡y esto es lo que vimos!

focas2

Vaya, sí que había focas. Una pena que estuviesen tan lejos. Seguimos andando hacia Hvítserkur, que estaba a menos de un kilómetro, cuando empezamos a sentirnos observados. Resulta que teníamos dos perseguidoras:

focas3

Focas acosadoras, eso ya estaba mejor. Ahora sólo faltaba ver de cerca Hvítserkur. Ese nombre, que significa camisa blanca, se debe a la gran cantidad de deposiciones que las aves marinas dejan encima esta curiosa formación geológica que para algunos tiene forma de rinoceronte, para otros de dinosaurio… ¿a vosotros qué os parece?

Hvítserkur

A mí me pareció impresionante, aunque teniendo en cuenta lo que nos costó llegar, no sabría decir si vale la pena desviarse hasta Ósar para ver esta zona. Ahora tocaba conducir hasta otra península, la de Snæfellsnes, sobre la que os contaré en la última (sí, ¡por fin!) entrada sobre nuestro viaje a Islandia.

Publicado originalmente en https://fregandolosplatos.wordpress.com/ bajo licencia CC BY-NC-SA 3.0

Dimmuborgir

Bueno, nos quedamos atrapados en nuestro confortable hotel, pero al cabo de un par de días las carreteras volvían a estar limpias de nieve y nosotros teníamos que retomar nuestro viaje. Igual que yo tengo que retomar esto de escribir más a menudo… pero vamos al tema, que me lío.

Ya habíamos desatascado nuestro coche la tarde anterior para remojarnos en los baños naturales de Mývatn -toda una experiencia meternos en el agua caliente rodeados de nieve- y por la zona lo único que no habíamos siquiera visto era Dimmuborgir, así que antes de irnos nos asomamos por si el acceso estaba abierto. Lo estaba, y sorprendentemente, había bastante gente, lo que en Islandia quiere decir que no puedes dejar el coche en cualquier lado, sino que tuvimos que buscar un sitio que no estuviera ocupado y sin demasiada nieve.

Dimmuborgir es uno de los lugares más famosos de Islandia, aunque a más gente le sonará el nombre por el grupo de black metal que se llama igual que este sitio. Consiste en un campo de lava con formaciones enormes, de hecho su nombre significa “fortalezas oscuras”. No era uno de los “must” de mi lista porque las fotos que había visto no me habían impresionado. Seguro que tenían un gran interés geológico, pero bonitas lo que se dice bonitas no eran. Pero claro… en esas fotos no estaba todo lleno de nieve.

dimmuborgir1

Nos encontramos con un paisaje espectacular: las rocas más altas sobresalían varios metros por encima de la nieve que se había acumulado entre ellas, y la vegetación empezaba ya a reflejar los colores del otoño.

dimmuborgir2

En Dimmuborgir hay varias rutas que recorren el campo de lava, pero cuando fuimos todas estaban sepultadas por la nieve, excepto una en la que había una especie de surco que evitaba hundirse en la nieve hasta las rodillas. No sabemos si lo había hecho alguien para facilitar el acceso, o si había sido abierto por los visitantes más madrugadores, pero en cualquier caso tenía su mérito.

dimmuborgir4

No sé si por las fotos parece que pasamos frío, pero la verdad es que tuvimos que quitarnos las chaquetas y todo, porque entre el sol que pegaba a base de bien, el viento que por primera vez en días no soplaba casi, y la caminata, al final acabamos sudando.

dimmuborgir3

En fin… Una forma perfecta de despedirnos de la zona antes de poner rumbo a… ¡no os perdáis los siguientes capítulos!

Publicado originalmente en https://fregandolosplatos.wordpress.com/ bajo licencia CC BY-NC-SA 3.0

Iceland Landscapes, de David Bergmann

Hago ahora un pequeño alto en la crónica de nuestras aventuras en Islandia, igual que éstas sufrieron un parón a causa de la tremenda nevada que nos cayó en el lago Mývatn.

Después de desayunar y aceptar que no podríamos visitar nada ése día, entre los libros del hotel encontré uno que me llamó la atención. Se llamaba Iceland Landscapes y estaba firmado por un fotógrafo islandés llamado David Bergmann. Y cuando digo firmado, lo digo en dos sentidos: él era el autor del libro y en la primera página había una dedicatoria suya para el hotel.

il-cover

Con todo el día por delante, el libro fue cayendo a ratos, aunque me hubiese gustado leerlo más tranquilamente. No es que hubiese mucho para leer, porque realmente el libro consiste en unas 120 fotos, así que es más de ver que otra cosa, pero cada una de las fotos viene acompañada por sus detalles técnicos y la historia de su captura, y creo que esas cosas se aprecian mejor en pequeñas dosis.

Me llamó mucho la atención la variedad de las fotos, con paisajes, naturaleza, fauna, fotografía abstracta… y su calidad. La mayoría tenía algún detalle que la diferenciaba de la típica fotografía de un iceberg, montaña, pájaro o lo que fuera. Podéis ver a qué me refiero echando un ojo a su galería online. En esto, y en sus explicaciones, se notaba que el autor es un enamorado de Islandia, y de hecho, pasa gran parte de su tiempo recorriendo la isla, bien para hacer fotografías o bien para guiar a otros en expediciones fotográficas.

En resumen, un libro muy recomendable. Si queréis saber un poco más sobre él, en este blog hay muchas fotos y un buen análisis de su contenido, aunque si os interesa leerlo creo que la única forma de conseguirlo es comprándolo en su página web, y no es nada barato :S Pero bueno, al menos podemos investigar la galería online de David Bergmann por la cara…

Publicado originalmente en https://fregandolosplatos.wordpress.com/ bajo licencia CC BY-NC-SA 3.0

Nevada por sorpresa

Me salto ahora una parte del viaje, porque la idea era sólo contaros las partes más llamativas, para que veáis qué nos encontramos en Mývatn.

Tras dejar atrás el sur de Islandia y sus fiordos del este, pusimos rumbo al norte, hacia el lago Mývatn. Este lago es muy conocido porque a su alrededor hay muchos puntos de interés: Krafla, Námafjall, el cráter Hverfell, Dimmuborgir, los pseudocráteres de Skutustadir, las fisuras Stóragjá y Grjótagjá, unos baños naturales, etc.

Llegamos por la tarde y hacía muy malo: llovía, la temperatura había bajado bastante, y el viento soplaba con fuerza. Como no apetecía andar mucho con ese panorama, decidimos hacer un tour rápido por la zona para ver qué nos gustaba más para visitar los siguientes días, y nos fuimos al hotel.

Sí, habéis leído bien: un hotel. Era el único que habíamos reservado en todo el viaje, porque no encontramos ningún albergue que nos gustase en la zona, y porque pensamos que después de varios días durmiendo en saco de dormir molaría una cama con sábanas y mantas en condiciones. Además, la idea era hacer muchas caminatas durante los tres días que íbamos a estar en la zona, y nos vendrían bien las comodidades del hotel para estar más descansados.

Lo único malo era la previsión del tiempo: decían que iba a llover mucho por lo menos el día siguiente (¡unos 60 lítros!), y que las temperaturas iban a bajar. Es más, en eltiempo.es decían que iba a nevar una barbaridad. Menos mal que para nuestra tranquilidad las páginas islandesas sólo ponían lluvia, ¿y quién iba a saber más que los propios islandeses? Con eso en la cabeza nos fuimos a la cama, para encontrarnos el día siguiente con…

vistas_nieve

Nieve, mucha nieve. Ésas eran las vistas desde nuestra ventana. Podéis ver a las ovejas intentando resguardarse acercándose a la casa. La temperatura había bajado un poco más de lo previsto, y toda la lluvia que iba a caer lo había hecho en forma de nieve. No es raro que nieve en septiembre en Islandia, pero se había batido un récord en cuanto a su cantidad. De hecho, una de nuestras ventanas estaba parcialmente cubierta de nieve, esta es una foto del hotel por fuera:

hotel_nieve

Por cierto, esta vez las fotos nos son mías, sino de catsandroids, que además de la conductora titular con nieve, también es especialista en fotos en condiciones extremas.

La nevada había pillado a los islandeses por sorpresa, con las máquinas quitanieves guardadas y las ovejas sueltas pastando por los campos. ¿El resultado? Carreteras cortadas y 13000 ovejas en paradero desconocido. Los granjeros islandeses normalmente las dejan sueltas hasta octubre, cuando las inclemencias meteorológicas son demasiado para las ovejas y entonces las recogen y las ponen a cubierto. En esta ocasión, tuvieron que coger sus motos de nieve para ir a rescatarlas, llegando a cavar en ocasiones hasta 2 metros para alcanzar a alguna, y descubriendo a veces que los zorros árticos habían llegado antes. Justo el día anterior nos habíamos cruzado con uno, y nos pareció que saltaba feliz, quizás porque anticipaba que iba a tener comida congelada para todo el invierno 😛

Con este panorama, evidentemente no nos atrevimos a coger el coche, que se veía así:

coche_nieve

Ni tampoco nos animamos a coger una de las bicis del hotel:

bicis_nieve

Realmente, nuestra única opción era quedarnos en el hotel hasta que la cosa mejorara, y la verdad es que se portaron bastante bien con nosotros invitándonos a infusiones y gofres. En total fue un día y medio el tiempo que pasamos recluidos, pero viéndolo con perspectiva tuvimos mucha suerte. En primer lugar, la nevada cayó justo después de que llegásemos al hotel y, como íbamos a pasar tres noches, ya estaba todo despejado cuando teníamos que irnos. Hubo gente que tuvo que cambiar reservas y tirarse un par de días conduciendo como locos para llegar a coger su avión. Lo segundo, también hubo cortes de luz, pero afortunadamente nuestro hotel tenía generador propio. Y lo último y más importante… ¡los días siguientes fueron impresionantes, con todo el paisaje lleno de nieve! ¡Nos os perdáis los siguientes capítulos!

Publicado originalmente en https://fregandolosplatos.wordpress.com/ bajo licencia CC BY-NC-SA 3.0

Lagos Glaciares

Cuando estaba mirando posibles destinos para irnos de vacaciones, una de las cosas que hizo que me decidiera por Islandia fueron las fotos que vi de sus lagos glaciares. Me parecían unos paisajes increíbles, y encima estaban al lado de la carretera principal, así que serían muy fáciles de visitar.

Eran nuestro siguiente destino después del Parque Nacional de Skaftafell, y enseguida llegamos al primero de ellos: el lago glaciar de Fjallsárlón. Éste se alimenta del hielo que baja desde el volcán Öræfajökull, el volcán activo más grande de la isla. Pero a pesar de que en cualquier momento se pudiese liar una muy gorda por culpa de este volcán, la sensación era de tranquilidad, apenas había un par de coches más y lo único que molestaba era el fuerte viento.

Fjallsarlon1

¡Impresionante cómo bajaban las lenguas glaciares desde el volcán!

Fjallsarlon2

Después de esta primera parada, tocaba visitar Jökulsárlón, el mayor lago glaciar de Islandia y uno sus lugares más visitados, incluso por personajes tan famosos como Batman o James Bond. La fama es justificada, y los enormes bloques de hielo flotantes forman un paisaje espectacular. Lástima del fuerte viento que hizo que estuviésemos incómodos todo el tiempo y además no permitía visitar en barco el lago.

Jokulsarlon1

Entre tantos icebergs blancos, destacaban algunos azules.

Jokulsarlon2

Jökulsárlón está a escasos metros del mar y comunicado con éste, así que también fuimos a ver cómo los icebergs salían llevados por la corriente hacia mar abierto. En la playa el viento nos pegaba a la espalda, así que se estaba mucho mejor, como resultado estuvimos como una hora entretenidos en hacer fotos a los icebergs varados en la orilla.

Jokulsarlon_playa1

Ventana

En eso, y en ver qué hacían unas cuantas focas que nos miraban con curiosidad. Incluso un par se compincharon para entretenerme hasta que me pilló una ola. Ésta fue una de las culpables:

Jokulsarlon_playa2

Después de esto pusimos rumbo a Höfn, donde pasamos la noche y pudimos ver la aurora boreal, como os conté hace tiempo. ¡Por si ese día no habíamos visto suficientes cosas impresionantes!

Publicado originalmente en https://fregandolosplatos.wordpress.com/ bajo licencia CC BY-NC-SA 3.0

El albergue de Hvoll y el Skeiðarársandur

Uno de los albergues que más nos gustaron del viaje fue el albergue the Hvoll, un albergue enorme que es una buena base para visitar el Parque Nacional de Skaftafell o los alrededores de Kirkjubæjarklaustur.

albergue_hvoll

Es uno de los albergues más grandes del país, y por tanto uno de los preferidos por grupos grandes de turistas. Estar en su cocina es toda una experiencia, con más de 30 personas de diferentes nacionalidades haciendo o zampando su cena. Como podréis imaginar, el resultado es un poco caótico, aunque gracias a que todo el mundo sigue unas normas básicas al final la cosa funciona muy bien.

Para que veáis un ejemplo del buen ánimo que llevaba la gente, os voy a enseñar el coche de unos austriacos que pernoctaban ahí:

austrians_inside

¿Impresionante, verdad? Como en Islandia hay muchas carreteras sin asfaltar y la lluvia es frecuente, es fácil acabar con “un poco” de barro en el coche. En este caso, el coche estaba en ese punto en el que no sabes si es mejor limpiarlo o sembrar patatas 😛

Otra cosa que llama mucho la atención del sitio es que está en medio de la nada. Esa zona del país está dominada por el Skeiðarársandur, el mayor sandur del mundo y el que da nombre a todos los demás. Un sandur es una planicie formada por los sedimentos provenientes de la fusión de un glaciar, un proceso similar al que crea los deltas de algunos ríos. En Islandia, debajo de los glaciares suele haber volcanes que cuando entran en erupción derriten el hielo que tienen encima, haciéndolo bajar en forma de tromba de agua que arrasa todo lo que pilla. El resultado de todo esto es una zona devastada y en la que la población es evidentemente muy baja. En la siguiente foto podéis ver Skeiðarársandur desde la granja de Sel, en el Parque Nacional de Skaftafell.

granja_sel

Evidentemente, el albergue de Hvoll no está en medio de toda esa arena negra, pero se encuentra justo al borde de ésta. Las vistas son impresionantes.

Skeidararsandur

Como no todo podía ser perfecto, el albergue tiene una pequeña pega. ¡¡No tiene internet! No lo pasamos tan mal como Enjuto Mojamuto, pero porque sólo pasamos dos noches. Otra cosa mala es que aunque este verano lo reservamos desde la página de la cadena de albergues juveniles, parece que ahora mismo ya no pertenece a la red. En cualquier caso, si alguno está interesado se puede seguir reservando a través de otros sitios.

Publicado originalmente en https://fregandolosplatos.wordpress.com/ bajo licencia CC BY-NC-SA 3.0