Snæfellsnes

Bueno, la última vez os conté nuestra visita a la península de Vatnsnes, que realmente sólo fue un paseo de unas dos horas. ¿En qué gastamos el resto del día? Pues en conducir hasta otra península islandesa, la famosa península de Snæfellsnes, y visitar parte de ella.

Esta zona de Islandia es bastante turística, y es conocida como “Islandia en miniatura”, ya que en ella podemos encontrar casi todos los rasgos típicos de la isla. Su paraje más famoso es el volcán Snæfellsjökull, el mismo que usa la expedición del profesor Otto Lidenbrock para llegar al centro de la tierra en la novela de Julio Verne, y que es posible ver desde Reykiavik. Como en esta foto, en la que es esa montaña que hay a la izquierda.

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El día se presentaba bastante complicado, con mucho viento y unas nubes que amenazaban lluvia. Con este panorama, nuestra política fue ir en dirección contraria a donde veíamos la nube más gorda, y podemos decir orgullosos que fue la estrategia ganadora, pues no tuvimos que usar el paraguas o el chubasquero.

Evidentemente, era de recibo acercarnos al Snæfellsjökull para echarle un vistazo de cerca. Cuenta la leyenda de que hay quién lo ha contemplado sin su gorro de nubes, pero no sé si creérmela.

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Otra de las cosas que abundan en la península son los faros. Y es que pocas cosas hay más épicas que un faro resistiendo imperturbable el evite de las olas. Aquí tenemos uno de fondo, en otra foto de nuestro fiel medio de transporte.

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Pero lo que más nos sorprendió de la península de Snæfellsnes fueron las playas de Djúpalónssandur y Dritvik. Era algo para lo que no estábamos preparados, ya que pensábamos que habíamos visto ya lo más impresionante del país, pero las luces del atardecer hicieron que Islandia volviese a sorprendernos una vez más.

Primero en Djúpalónssandur, famosa por sus cuatro piedras que usaban los pescadores para medir su fuerza y por los restos de un naufragio de 1948. Sin embargo, lo que no sabíamos era que tenía unas aguas azul turquesa como las que uno esperaría encontrar en una playa de El Caribe, y que combinaban increíblemente bien con la negra arena volcánica.

Djupalonssandur

Y a media hora de camino de Djúpalónssandur, atravesando un accidentado campo de lava, se llega a Dritvik. Esta playa, en una bahía, fue uno de los principales puestos pesqueros de Islandia, pero ahora su difícil acceso hacen de ella un lugar poco transitado. Nos llamó la atención una de sus formaciones rocosas, en forma de pez.

Atardecer en Dritvik

Cuando volvimos al coche ya era prácticamente de noche, así que pusimos rumbo a nuestro alojamiento de esa noche, el albergue de Grundarfjörður. Muy nuevo, con baños individuales, fue posiblemente el que más nos gustó de todo el viaje.

Ya sólo nos quedaba terminar de visitar la península de Snæfellsnes y ver los diferentes sitios de interés de la península de Reykjanes (parece que dejamos todas las penínsulas para el final del viaje), donde visitamos malolientes zonas geotermales y vimos algún maloliente secadero de pescado, pero como fueron momentos del viaje menos impresionantes, me voy a ahorrar la crónica. Eso sí, lo que no podéis hacer antes de iros es dejar de visitar los baños de la Laguna Azul, para reposar un poco vuestras doloridas piernas. Y ya en el avión, echarles un último vistazo desde arriba.

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Focas y Dinosaurios

Dejamos el lago Mývatn y nos dirigimos a una zona menos turística, la península de Vatnsnes, famosa por su colonia de focas y la formación geológica Hvítserkur. Para pasar la noche elegimos el albergue de Ósar, del que hablaban muy bien en la guía que teníamos y además era el que tenía mejor valoración en la web de albergues islandeses, así que teníamos muchas ganas de verlo. Pero primero teníamos que llegar.

Como siempre que uno se desvía de las rutas más transitadas en Islandia, el asfalto desapareció para dar paso a un camino de tierra, que además estaba en bastante mal estado, con un montón de baches llenos de agua por las lluvias de los últimos días. No me quedó muy claro si los carteles que prohibían conducir a más de 70 ó 80 km/h iban en serio o se trataban de una muestra de humor islandés, pero no creo que pasásemos de los 50 km/h en ningún momento. Tras un buen rato de pegar botes en el coche, que acabó bien rebozado de barro, llegamos por fin al albergue. Ahí vimos que no éramos lo únicos que habían decorado su vehículo, ¡al menos en el nuestro se podía leer la matrícula!

El albergue nos decepcionó mucho, muy destartalado, sin encanto, y lo que es más importante, sin calefacción ni interneeeet. Un radiador eléctrico era lo único que había para calentar la habitación, y lo tuvimos que encender nosotros al llegar. No sé en qué estarían pensando los que le habían dado una puntuación tan alta, pero de poco servía lamentarse, lo mejor era irse a dormir para coger fuerzas para el día siguiente.

Cuando nos levantamos, vimos que el cielo estaba muy nublado y que parecía que se iba a poner a llover en cualquier momento, pero no nos desanimamos y fuimos andando hasta la playa que había enfrente del albergue.

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Se suponía que en los bancos de arena que se veían desde la playa había una colonia de focas, pero estaban bastante lejos y sólo veíamos una especie de troncos. Unos troncos un poco raros, es verdad, porque tenían todos una forma muy parecía. Así que hicimos zoom con la cámara… ¡y esto es lo que vimos!

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Vaya, sí que había focas. Una pena que estuviesen tan lejos. Seguimos andando hacia Hvítserkur, que estaba a menos de un kilómetro, cuando empezamos a sentirnos observados. Resulta que teníamos dos perseguidoras:

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Focas acosadoras, eso ya estaba mejor. Ahora sólo faltaba ver de cerca Hvítserkur. Ese nombre, que significa camisa blanca, se debe a la gran cantidad de deposiciones que las aves marinas dejan encima esta curiosa formación geológica que para algunos tiene forma de rinoceronte, para otros de dinosaurio… ¿a vosotros qué os parece?

Hvítserkur

A mí me pareció impresionante, aunque teniendo en cuenta lo que nos costó llegar, no sabría decir si vale la pena desviarse hasta Ósar para ver esta zona. Ahora tocaba conducir hasta otra península, la de Snæfellsnes, sobre la que os contaré en la última (sí, ¡por fin!) entrada sobre nuestro viaje a Islandia.

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Dimmuborgir

Bueno, nos quedamos atrapados en nuestro confortable hotel, pero al cabo de un par de días las carreteras volvían a estar limpias de nieve y nosotros teníamos que retomar nuestro viaje. Igual que yo tengo que retomar esto de escribir más a menudo… pero vamos al tema, que me lío.

Ya habíamos desatascado nuestro coche la tarde anterior para remojarnos en los baños naturales de Mývatn -toda una experiencia meternos en el agua caliente rodeados de nieve- y por la zona lo único que no habíamos siquiera visto era Dimmuborgir, así que antes de irnos nos asomamos por si el acceso estaba abierto. Lo estaba, y sorprendentemente, había bastante gente, lo que en Islandia quiere decir que no puedes dejar el coche en cualquier lado, sino que tuvimos que buscar un sitio que no estuviera ocupado y sin demasiada nieve.

Dimmuborgir es uno de los lugares más famosos de Islandia, aunque a más gente le sonará el nombre por el grupo de black metal que se llama igual que este sitio. Consiste en un campo de lava con formaciones enormes, de hecho su nombre significa “fortalezas oscuras”. No era uno de los “must” de mi lista porque las fotos que había visto no me habían impresionado. Seguro que tenían un gran interés geológico, pero bonitas lo que se dice bonitas no eran. Pero claro… en esas fotos no estaba todo lleno de nieve.

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Nos encontramos con un paisaje espectacular: las rocas más altas sobresalían varios metros por encima de la nieve que se había acumulado entre ellas, y la vegetación empezaba ya a reflejar los colores del otoño.

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En Dimmuborgir hay varias rutas que recorren el campo de lava, pero cuando fuimos todas estaban sepultadas por la nieve, excepto una en la que había una especie de surco que evitaba hundirse en la nieve hasta las rodillas. No sabemos si lo había hecho alguien para facilitar el acceso, o si había sido abierto por los visitantes más madrugadores, pero en cualquier caso tenía su mérito.

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No sé si por las fotos parece que pasamos frío, pero la verdad es que tuvimos que quitarnos las chaquetas y todo, porque entre el sol que pegaba a base de bien, el viento que por primera vez en días no soplaba casi, y la caminata, al final acabamos sudando.

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En fin… Una forma perfecta de despedirnos de la zona antes de poner rumbo a… ¡no os perdáis los siguientes capítulos!

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Iceland Landscapes, de David Bergmann

Hago ahora un pequeño alto en la crónica de nuestras aventuras en Islandia, igual que éstas sufrieron un parón a causa de la tremenda nevada que nos cayó en el lago Mývatn.

Después de desayunar y aceptar que no podríamos visitar nada ése día, entre los libros del hotel encontré uno que me llamó la atención. Se llamaba Iceland Landscapes y estaba firmado por un fotógrafo islandés llamado David Bergmann. Y cuando digo firmado, lo digo en dos sentidos: él era el autor del libro y en la primera página había una dedicatoria suya para el hotel.

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Con todo el día por delante, el libro fue cayendo a ratos, aunque me hubiese gustado leerlo más tranquilamente. No es que hubiese mucho para leer, porque realmente el libro consiste en unas 120 fotos, así que es más de ver que otra cosa, pero cada una de las fotos viene acompañada por sus detalles técnicos y la historia de su captura, y creo que esas cosas se aprecian mejor en pequeñas dosis.

Me llamó mucho la atención la variedad de las fotos, con paisajes, naturaleza, fauna, fotografía abstracta… y su calidad. La mayoría tenía algún detalle que la diferenciaba de la típica fotografía de un iceberg, montaña, pájaro o lo que fuera. Podéis ver a qué me refiero echando un ojo a su galería online. En esto, y en sus explicaciones, se notaba que el autor es un enamorado de Islandia, y de hecho, pasa gran parte de su tiempo recorriendo la isla, bien para hacer fotografías o bien para guiar a otros en expediciones fotográficas.

En resumen, un libro muy recomendable. Si queréis saber un poco más sobre él, en este blog hay muchas fotos y un buen análisis de su contenido, aunque si os interesa leerlo creo que la única forma de conseguirlo es comprándolo en su página web, y no es nada barato :S Pero bueno, al menos podemos investigar la galería online de David Bergmann por la cara…

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Nevada por sorpresa

Me salto ahora una parte del viaje, porque la idea era sólo contaros las partes más llamativas, para que veáis qué nos encontramos en Mývatn.

Tras dejar atrás el sur de Islandia y sus fiordos del este, pusimos rumbo al norte, hacia el lago Mývatn. Este lago es muy conocido porque a su alrededor hay muchos puntos de interés: Krafla, Námafjall, el cráter Hverfell, Dimmuborgir, los pseudocráteres de Skutustadir, las fisuras Stóragjá y Grjótagjá, unos baños naturales, etc.

Llegamos por la tarde y hacía muy malo: llovía, la temperatura había bajado bastante, y el viento soplaba con fuerza. Como no apetecía andar mucho con ese panorama, decidimos hacer un tour rápido por la zona para ver qué nos gustaba más para visitar los siguientes días, y nos fuimos al hotel.

Sí, habéis leído bien: un hotel. Era el único que habíamos reservado en todo el viaje, porque no encontramos ningún albergue que nos gustase en la zona, y porque pensamos que después de varios días durmiendo en saco de dormir molaría una cama con sábanas y mantas en condiciones. Además, la idea era hacer muchas caminatas durante los tres días que íbamos a estar en la zona, y nos vendrían bien las comodidades del hotel para estar más descansados.

Lo único malo era la previsión del tiempo: decían que iba a llover mucho por lo menos el día siguiente (¡unos 60 lítros!), y que las temperaturas iban a bajar. Es más, en eltiempo.es decían que iba a nevar una barbaridad. Menos mal que para nuestra tranquilidad las páginas islandesas sólo ponían lluvia, ¿y quién iba a saber más que los propios islandeses? Con eso en la cabeza nos fuimos a la cama, para encontrarnos el día siguiente con…

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Nieve, mucha nieve. Ésas eran las vistas desde nuestra ventana. Podéis ver a las ovejas intentando resguardarse acercándose a la casa. La temperatura había bajado un poco más de lo previsto, y toda la lluvia que iba a caer lo había hecho en forma de nieve. No es raro que nieve en septiembre en Islandia, pero se había batido un récord en cuanto a su cantidad. De hecho, una de nuestras ventanas estaba parcialmente cubierta de nieve, esta es una foto del hotel por fuera:

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Por cierto, esta vez las fotos nos son mías, sino de catsandroids, que además de la conductora titular con nieve, también es especialista en fotos en condiciones extremas.

La nevada había pillado a los islandeses por sorpresa, con las máquinas quitanieves guardadas y las ovejas sueltas pastando por los campos. ¿El resultado? Carreteras cortadas y 13000 ovejas en paradero desconocido. Los granjeros islandeses normalmente las dejan sueltas hasta octubre, cuando las inclemencias meteorológicas son demasiado para las ovejas y entonces las recogen y las ponen a cubierto. En esta ocasión, tuvieron que coger sus motos de nieve para ir a rescatarlas, llegando a cavar en ocasiones hasta 2 metros para alcanzar a alguna, y descubriendo a veces que los zorros árticos habían llegado antes. Justo el día anterior nos habíamos cruzado con uno, y nos pareció que saltaba feliz, quizás porque anticipaba que iba a tener comida congelada para todo el invierno 😛

Con este panorama, evidentemente no nos atrevimos a coger el coche, que se veía así:

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Ni tampoco nos animamos a coger una de las bicis del hotel:

bicis_nieve

Realmente, nuestra única opción era quedarnos en el hotel hasta que la cosa mejorara, y la verdad es que se portaron bastante bien con nosotros invitándonos a infusiones y gofres. En total fue un día y medio el tiempo que pasamos recluidos, pero viéndolo con perspectiva tuvimos mucha suerte. En primer lugar, la nevada cayó justo después de que llegásemos al hotel y, como íbamos a pasar tres noches, ya estaba todo despejado cuando teníamos que irnos. Hubo gente que tuvo que cambiar reservas y tirarse un par de días conduciendo como locos para llegar a coger su avión. Lo segundo, también hubo cortes de luz, pero afortunadamente nuestro hotel tenía generador propio. Y lo último y más importante… ¡los días siguientes fueron impresionantes, con todo el paisaje lleno de nieve! ¡Nos os perdáis los siguientes capítulos!

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Lagos Glaciares

Cuando estaba mirando posibles destinos para irnos de vacaciones, una de las cosas que hizo que me decidiera por Islandia fueron las fotos que vi de sus lagos glaciares. Me parecían unos paisajes increíbles, y encima estaban al lado de la carretera principal, así que serían muy fáciles de visitar.

Eran nuestro siguiente destino después del Parque Nacional de Skaftafell, y enseguida llegamos al primero de ellos: el lago glaciar de Fjallsárlón. Éste se alimenta del hielo que baja desde el volcán Öræfajökull, el volcán activo más grande de la isla. Pero a pesar de que en cualquier momento se pudiese liar una muy gorda por culpa de este volcán, la sensación era de tranquilidad, apenas había un par de coches más y lo único que molestaba era el fuerte viento.

Fjallsarlon1

¡Impresionante cómo bajaban las lenguas glaciares desde el volcán!

Fjallsarlon2

Después de esta primera parada, tocaba visitar Jökulsárlón, el mayor lago glaciar de Islandia y uno sus lugares más visitados, incluso por personajes tan famosos como Batman o James Bond. La fama es justificada, y los enormes bloques de hielo flotantes forman un paisaje espectacular. Lástima del fuerte viento que hizo que estuviésemos incómodos todo el tiempo y además no permitía visitar en barco el lago.

Jokulsarlon1

Entre tantos icebergs blancos, destacaban algunos azules.

Jokulsarlon2

Jökulsárlón está a escasos metros del mar y comunicado con éste, así que también fuimos a ver cómo los icebergs salían llevados por la corriente hacia mar abierto. En la playa el viento nos pegaba a la espalda, así que se estaba mucho mejor, como resultado estuvimos como una hora entretenidos en hacer fotos a los icebergs varados en la orilla.

Jokulsarlon_playa1

Ventana

En eso, y en ver qué hacían unas cuantas focas que nos miraban con curiosidad. Incluso un par se compincharon para entretenerme hasta que me pilló una ola. Ésta fue una de las culpables:

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Después de esto pusimos rumbo a Höfn, donde pasamos la noche y pudimos ver la aurora boreal, como os conté hace tiempo. ¡Por si ese día no habíamos visto suficientes cosas impresionantes!

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El albergue de Hvoll y el Skeiðarársandur

Uno de los albergues que más nos gustaron del viaje fue el albergue the Hvoll, un albergue enorme que es una buena base para visitar el Parque Nacional de Skaftafell o los alrededores de Kirkjubæjarklaustur.

albergue_hvoll

Es uno de los albergues más grandes del país, y por tanto uno de los preferidos por grupos grandes de turistas. Estar en su cocina es toda una experiencia, con más de 30 personas de diferentes nacionalidades haciendo o zampando su cena. Como podréis imaginar, el resultado es un poco caótico, aunque gracias a que todo el mundo sigue unas normas básicas al final la cosa funciona muy bien.

Para que veáis un ejemplo del buen ánimo que llevaba la gente, os voy a enseñar el coche de unos austriacos que pernoctaban ahí:

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¿Impresionante, verdad? Como en Islandia hay muchas carreteras sin asfaltar y la lluvia es frecuente, es fácil acabar con “un poco” de barro en el coche. En este caso, el coche estaba en ese punto en el que no sabes si es mejor limpiarlo o sembrar patatas 😛

Otra cosa que llama mucho la atención del sitio es que está en medio de la nada. Esa zona del país está dominada por el Skeiðarársandur, el mayor sandur del mundo y el que da nombre a todos los demás. Un sandur es una planicie formada por los sedimentos provenientes de la fusión de un glaciar, un proceso similar al que crea los deltas de algunos ríos. En Islandia, debajo de los glaciares suele haber volcanes que cuando entran en erupción derriten el hielo que tienen encima, haciéndolo bajar en forma de tromba de agua que arrasa todo lo que pilla. El resultado de todo esto es una zona devastada y en la que la población es evidentemente muy baja. En la siguiente foto podéis ver Skeiðarársandur desde la granja de Sel, en el Parque Nacional de Skaftafell.

granja_sel

Evidentemente, el albergue de Hvoll no está en medio de toda esa arena negra, pero se encuentra justo al borde de ésta. Las vistas son impresionantes.

Skeidararsandur

Como no todo podía ser perfecto, el albergue tiene una pequeña pega. ¡¡No tiene internet! No lo pasamos tan mal como Enjuto Mojamuto, pero porque sólo pasamos dos noches. Otra cosa mala es que aunque este verano lo reservamos desde la página de la cadena de albergues juveniles, parece que ahora mismo ya no pertenece a la red. En cualquier caso, si alguno está interesado se puede seguir reservando a través de otros sitios.

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De Paseo por el Glaciar

Al principio pensé en hacer aquí un resumen detallado del viaje a Islandia, pero cuando me dí cuenta de que eso iba a llevarme demasiado tiempo, decidí en su lugar contar sólo las cosas más impresionantes o más originales. Siguiendo esta idea, hoy os voy a sugerir que si vais a Islandia aprovechéis para daros un paseito por un glaciar.

Era nuestro quinto día de vacaciones y teníamos planeado visitar el Parque Nacional de Skaftafell. Llegamos al centro de visitantes a las 10 menos cuarto y vimos que había tours por el glaciar a las 10 en punto, así que ni cortos ni perezosos fuimos a preguntar si llegábamos a tiempo para apuntarnos.

Nos dijeron que sí, y que no se necesitaba equipamiento especial, sólo una chaqueta impermeable y botas de montaña, que es lo más normal que lleves puesto si estás visitando Islandia. Había varios tours de diferentes dificultades, pero ése era el más corto y sencillo, lo que nos venía bien porque el día anterior había llovido y este lo queríamos aprovechar a tope para visitar muchas cosas.

Nos dieron unos crampones, un piolet, y subimos al minibús que nos llevaría hasta la lengua glaciar Svínafellsjökull, parte del glaciar más grande de europa, Vatnajökull. Sí, vaya nombrecitos, ¿verdad? Si un sitio en Islandia no tiene un nombre impronunciable, ¡sospechad! ¡Puede que no esté en Islandia!

Este es el panorama que veíamos según nos bajábamos del minibús:

No tenía pinta de que pudiésemos pasar por ahí con un calzado normal, así que lo primero que hizo el guía fue enseñarnos a ponernos los crampones.

Minutos después, ya estábamos dando nuestros primeros pasos sobre el hielo. La cosa era bastante fácil, sólo había que evitar caerse en alguna grieta 😛

Paseo por el Glaciar

Es decir, por aquí no:

Nuestro guía, que podéis ver de naranja en la siguiente foto, siempre iba por delante para asegurarse de que el camino era seguro. Todos los días el glaciar era un poco diferente, así que no podía confiarse porque lo que ayer era un camino fácil hoy podía ser más complicado. En cualquier caso, nunca nos pareció difícil, y de hecho con nosotros iba alguna persona bastante mayor que también pudo hacer el tour sin problemas.

La marcha duró más o menos una hora y recorrimos un kilómetro ya que íbamos bastante lentros entre explicaciones sobre el glaciar y las fotos que íbamos haciendo. Llegamos hasta el punto en el que hielo se ponía más empinado, que suponemos se vería en los tours de más dificultad.

Antes de marcharnos, nuestro guía cogió el piolet y nos hizo unos peldaños en el hielo para que nos hiciéramos una foto en medio de una grieta con hielo azul. El tour se llamaba Blue Ice Experiencie, así que parecía que esto del hielo azul era un must. Insistió en que yo me pusiese en la parte de atrás, la misma en la que veis a él en la foto. Reconozco que ahí sí que pasé algo de miedo…

Tras la foto nos dimos la vuelta y volvimos al minibus, no sin antes detenernos a hacer alguna foto más. La verdad es que era una pasada caminar encima de todo ese hielo, que según nos contaron ¡tenía un espesor de casi un kilómetro!

Así que ya sabéis, si vais a Islandia, caminar por un glaciar puede ser una buena alternativa a la típica ruta de senderismo. La empresa con la que estuvimos nosotros se llama Mountain Guides, y buscando un poco podréis encontrar alguna más con diferentes horarios y tours.

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Reikiavik Monumental

Aprovechando que últimamente la actualidad está marcada por huelgas y manifestaciones, voy a hablaros de una cosa que nos encontramos en Reikiavik que está relacionada con las protestas ciudadanas.

Justo delante del parlamento islandés, y sólo a unos metros del ayuntamiento de Reikiavik se puede ver este monumento:

Parece una piedra enorme partida de arriba a abajo, como si le hubiese caído un rayo. ¿Qué será? ¿Una escultura en honor al dios vikingo Thor que quiebra las piedras con un golpe de su martillo? Nada más lejos de la realidad, ¡es un monumento a la desobediencia civil!

¿No os lo creéis? Veamos que pone la placa:

Es un fragmento de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Traduzco:

Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es para el pueblo y para cada parte de él el más sagrado de los derechos y el más indispensable de los deberes

Era nuestro primer día allí, pero enseguida nos dimos cuenta de que estábamos en un país civilizado…

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Landmannalaugar

Preguntando a algunos amigos que ya habían estado en Islandia, parecía que había un sitio que no había que perderse: Landmannalaugar. El problema es que es un sitio que está en el interior de la isla, y al alejarse de la costa empieza a hacer frío de verdad. De hecho, las excursiones organizadas al interior suelen hacerse desde junio a mediados de agosto, así que teniendo en cuenta que nosotros íbamos en septiembre, dudábamos que visitar Landmannalaugar fuese una gran idea. Por si eso fuera poco, es difícil llegar, y parecía que las opciones eran o ir con todoterreno por caminos en los que podría haber ríos que vadear, o bien coger un autobús que sólo te dejaba estar ahí dos horas a no ser que cogieses el del día siguiente tras pasar ahí la noche en tienda de campaña.

Así que como la decisión era muy difícil, hicimos lo que mejor se nos da: dejarla para más adelante 😀 Reservamos los albergues de tal forma que pegándonos una paliza podríamos ver Landmannalaugar dejando sólo de visitar un par de sitios menos importantes, y alquilamos un todoterreno porque, total, por caminos de tierra nos íbamos a meter de todas formas.

Una vez en Islandia, la previsión del tiempo decía que iba a hacer bueno cuando estuviésemos por la zona, así que nos informamos mejor de cómo llegar. Según nos contaron en la oficina de turismo de Reikiavik, había una ruta que llegaba a Landmannalaugar sin atravesar ningún río, al menos en esa época del año. Por si llega a este blog alguien que esté planeando su viaje a Islandia, aquí va un protip: el camino sin cruzar ríos consiste en coger la carretera 32 hacia el norte, pasar la central eléctrica, seguir un poco hasta el cruce con la F208, y ahí coger ésta última que va directa hasta Landmannalaugar. La 32 no está bien mapeada en Google Maps, así que si miráis ahí cómo llegar, os lo va a poner mal.

Con todo más o menos claro, nos pusimos en marcha un poco antes de lo habitual. Habíamos pasado la noche en el albergue de Árnes, que ya está en la carretera 32 y sólo a 100 km de nuestro destino, pero no nos fiábamos de las carreteras “F” Islandesas, que sólo son aptas para vehículos con tracción a las cuatro ruedas, y suponíamos que muy deprisa no íbamos a poder conducir.

Tras un tiempo conduciendo por la 32, con unas estupendas vistas del volcán Hekla a la derecha y de ovejas y caballos por todos lados, llegamos al cruce con la F208 con un cartel que ponía “Landmannalaugar”, por si teníamos alguna duda. Y es que antes nos habíamos despistado un poco con un falso cruce que nos hizo parar a preguntar, lo típico que pasa cuando vas por una carretera semidesierta, que te preguntas si te has equivocado de camino 😛

Al coger la F208 tenemos nuestro primer contacto con las “carreteras” sin asfaltar islandesas. Pongo lo de “carreteras” entre comillas porque ir por ellas es casi igual que conducir por caminos españoles. Una de las pocas diferencias es que la F208 es negra como el carbón. Origen 100% volcánico. No acepten imitaciones. Otra diferencia… bueno, mirad la foto.

Camino a Landmannalaugar

El paisaje empezó a cambiar rápidamente y por todas partes salían unas montañas raras, de color negro y rojo y con parches de musgo verde. Destacaban mucho en medio de la llanura de tierra negra. A pesar de lo desolado del terreno, de lo que no podíamos librarnos era de las ovejas. Normalmente estaban en parejas o grupos de tres en partes del terreno con algo de verde, pero de vez en cuando también se encontraban en medio de zonas totalmente desoladas. Siempre que pasábamos nos seguían con la mirada, igual que hacen los viejos de mi pueblo cuando pasas por delante de ellos mientras toman el fresco en la puerta de su casa. Lo único que ellos suelen empezar a hablar en cuanto creen que no les oyes, mientras que las ovejas islandesas se quedaban calladas, como rumiando (pun intended) sus pensamientos.

La verdad es que la carretera era incómoda por los baches y todos los charcos que había que sortear, pero sólo nos parecieron peligrosos un par de tramos cortos que tenían mucha pendiente. Al cabo de casi una hora conduciendo por la F208 ya empezábamos a divisar Landmannalaugar. Nosotros no lo sabíamos, pero en esta foto desde el coche ya se veían Bláhnjúkur, la montaña que pensábamos subir, y Brennisteinsalda, la que subimos finalmente. Las he señalado con una flecha azul y una roja, respectivamente. ¡Fijaos en que tenían nieve!

Al poco rato llegamos al parking que había antes del camping. Si se quiere pasar la noche en este sitio, prácticamente la única opción es llevarte la tienda de campaña o una caravana. Eso sí, se pueden usar la cocina, y los baños y duchas que hay en unas cabañas. Creo que también tienen algunas literas, pero muy difíciles de reservar. En el mismo camping hay otro aparcamiento, pero para llegar a él había que atravesar un riachuelo. Parecía muy fácil, pero no quisimos arriesgar la integridad de nuestro coche por ahorrarnos 500 metros a pata. Os pongo la foto de un valiente:

En nombre Landmannalaugar significa algo así como “baños de la gente”, y efectivamente había unos baños termales y gente disfrutando de ellos. Nosotros decidimos pasar porque íbamos a estar poco tiempo y porque aunque el termómetro del coche marcase 6º, que ya es poco, venía un viento helado que hizo que nos pusiésemos el gorro y los guantes. Como no, también había ovejas, aquí las podéis ver con el campo de lava al fondo. Efectivamente: las ovejas islandesas tienen cuernos. Además pegan buenos saltos, lo que me hizo desarrollar la teoría de que son cabras disfrazadas.

La gente suele ir a Landmannalaugar para pasar un día completo o incluso varios haciendo senderismo. Como nosotros disponíamos de menos tiempo, nuestra idea era recorrer la ruta 6 de la guía Rother, que salía del camping atravesando el campo de lava, giraba a la izquierda pasando por la zona geotérmica, volvía a girar para subir Bláhnjúkur, y terminaba bajando otra vez hasta el camping en un recorrido de unas 3 horas. Así que enfilamos hacia el campo de lava, siguiendo a unos cuantos visitantes que acababan de llegar en autobús (4×4, of course).

El paisaje era muy bonito, con el campo de lava negro azulado con sus trozos de musgo y las montañas al fondo. Yo no tenía muy claro cuál podía ser Bláhnjúkur, porque según mis cálculos era una cacho montaña con un montón de nieve por la que parecía que no subía ningún camino, y la Rother no nos sugeriría tal ruta, ¿verdad? Error, luego descubrimos que sí que era esa. Mirad la foto y decidme si veis fácil subir y volver, todo en un par de horas.

Bláhnjúkur

Al fondo se veían las montañas nevadas que salen en todas las fotos. La verdad es que era un paisaje muy raro, tanto que parecía pintado. Cuando llegamos al final del campo de lava pudimos verlas de más de cerca, pero la sensación de irrealidad seguía ahí. Lo mismo pasa con las fotos que hicimos. Fijaos también en cuánta nieve tenían y en que hay algunos puntos blancos en el prado de abajo. Ovejas, cómo no.

Después de pasar el campo de lava llegamos a la parte geotérmica, que tenía alguna solfarata maloliente, aunque nada comparado con las que veríamos otros días del viaje. En este punto nos fijamos en que nadie iba por la ruta que pensábamos hacer y tampoco vimos ningún camino marcado. En cambio, la mayoría de los visitantes subían a Brennisteinsalda y volvían otra vez por el campo de lava hasta el cámping, así que decidimos imitarles.

La subida hasta Brennisteinsalda resultó bastante fácil, aunque en algún punto el viento soplaba tan fuerte que parecía que nos podía derribar. Las vistas empezaban a ser espectaculares, y se podían ver montones de colinas con colores raros alrededor de nosotros.

Vistas desde Brennisteinsalda

De la nieve que se veía antes a lo lejos ya casi no quedaba nada, aunque sí que había bastante en alguna de las colinas vecinas que estaban más resguardadas del sol.

Finalmente, coronamos, y en la cima sí que el viento parecía que te podía levantar y mandarte hacia abajo por la vía rápida, así que no nos entretuvimos mucho ahí arriba. Podéis disfrutar de las vistas de 360º desde Brennisteinsalda en este enlace, ¡y sin frío ni viento!

Como ya era un poco tarde, intentamos darnos prisa para volver al coche, aunque como entonces el sol ya calentaba algo y el viento empezaba a amainar, no pudimos resistir la tentación de pararnos a hacer unas cuantas fotos más. La pradera que hay entre las montañas de lava y las montañas resulta que es un campo de algodón.

Montañas entre Algodones

Como véis, la mayoría de la nieve ya se había derretido. Se podía estar sin guantes ni gorro y se estaba mucho más a gusto, así que empecé a jugar con encuadres del campo de lava con las montañas al fondo. Ahora no sé cuál me gusta más ¿vertical u horizontal?

Landmannalaugar I

Landmannalaugar II

De todas formas, al final nos dimos cuenta de que aún teníamos mucho que hacer por delante, y tomamos el camino de vuelta. Al poco rato, el campo de lava se acabó y ya se veía el camping.

Había gente cocinando, pero como teníamos prisa y el coche a medio kilómetro, decidimos tomarnos un sandwich rápidamente en el mismo coche y seguir con el viaje. Aún nos daría tiempo de visitar la granja de Stöng, y las cataratas Seljalandsfoss y Skogarfoss, que por suerte estaba a un paseo del albergue, donde pudimos dejarnos caer rendidos 😀

[Actualización 16-10-2012] Por lo que veo, sí que hay gente que sube a Bláhnjúkur, o mejor dicho “gatea hasta la cima”. Eso es lo que cuenta un aventurero en su blog, que encima luego volvió a la carretera 1 por el camino sur, atravesando ríos con su bici. Qué crack.

Publicado originalmente en https://fregandolosplatos.wordpress.com/ bajo licencia CC BY-NC-SA 3.0