Dimmuborgir

Bueno, nos quedamos atrapados en nuestro confortable hotel, pero al cabo de un par de días las carreteras volvían a estar limpias de nieve y nosotros teníamos que retomar nuestro viaje. Igual que yo tengo que retomar esto de escribir más a menudo… pero vamos al tema, que me lío.

Ya habíamos desatascado nuestro coche la tarde anterior para remojarnos en los baños naturales de Mývatn -toda una experiencia meternos en el agua caliente rodeados de nieve- y por la zona lo único que no habíamos siquiera visto era Dimmuborgir, así que antes de irnos nos asomamos por si el acceso estaba abierto. Lo estaba, y sorprendentemente, había bastante gente, lo que en Islandia quiere decir que no puedes dejar el coche en cualquier lado, sino que tuvimos que buscar un sitio que no estuviera ocupado y sin demasiada nieve.

Dimmuborgir es uno de los lugares más famosos de Islandia, aunque a más gente le sonará el nombre por el grupo de black metal que se llama igual que este sitio. Consiste en un campo de lava con formaciones enormes, de hecho su nombre significa “fortalezas oscuras”. No era uno de los “must” de mi lista porque las fotos que había visto no me habían impresionado. Seguro que tenían un gran interés geológico, pero bonitas lo que se dice bonitas no eran. Pero claro… en esas fotos no estaba todo lleno de nieve.

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Nos encontramos con un paisaje espectacular: las rocas más altas sobresalían varios metros por encima de la nieve que se había acumulado entre ellas, y la vegetación empezaba ya a reflejar los colores del otoño.

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En Dimmuborgir hay varias rutas que recorren el campo de lava, pero cuando fuimos todas estaban sepultadas por la nieve, excepto una en la que había una especie de surco que evitaba hundirse en la nieve hasta las rodillas. No sabemos si lo había hecho alguien para facilitar el acceso, o si había sido abierto por los visitantes más madrugadores, pero en cualquier caso tenía su mérito.

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No sé si por las fotos parece que pasamos frío, pero la verdad es que tuvimos que quitarnos las chaquetas y todo, porque entre el sol que pegaba a base de bien, el viento que por primera vez en días no soplaba casi, y la caminata, al final acabamos sudando.

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En fin… Una forma perfecta de despedirnos de la zona antes de poner rumbo a… ¡no os perdáis los siguientes capítulos!

Publicado originalmente en https://fregandolosplatos.wordpress.com/ bajo licencia CC BY-NC-SA 3.0

Nevada por sorpresa

Me salto ahora una parte del viaje, porque la idea era sólo contaros las partes más llamativas, para que veáis qué nos encontramos en Mývatn.

Tras dejar atrás el sur de Islandia y sus fiordos del este, pusimos rumbo al norte, hacia el lago Mývatn. Este lago es muy conocido porque a su alrededor hay muchos puntos de interés: Krafla, Námafjall, el cráter Hverfell, Dimmuborgir, los pseudocráteres de Skutustadir, las fisuras Stóragjá y Grjótagjá, unos baños naturales, etc.

Llegamos por la tarde y hacía muy malo: llovía, la temperatura había bajado bastante, y el viento soplaba con fuerza. Como no apetecía andar mucho con ese panorama, decidimos hacer un tour rápido por la zona para ver qué nos gustaba más para visitar los siguientes días, y nos fuimos al hotel.

Sí, habéis leído bien: un hotel. Era el único que habíamos reservado en todo el viaje, porque no encontramos ningún albergue que nos gustase en la zona, y porque pensamos que después de varios días durmiendo en saco de dormir molaría una cama con sábanas y mantas en condiciones. Además, la idea era hacer muchas caminatas durante los tres días que íbamos a estar en la zona, y nos vendrían bien las comodidades del hotel para estar más descansados.

Lo único malo era la previsión del tiempo: decían que iba a llover mucho por lo menos el día siguiente (¡unos 60 lítros!), y que las temperaturas iban a bajar. Es más, en eltiempo.es decían que iba a nevar una barbaridad. Menos mal que para nuestra tranquilidad las páginas islandesas sólo ponían lluvia, ¿y quién iba a saber más que los propios islandeses? Con eso en la cabeza nos fuimos a la cama, para encontrarnos el día siguiente con…

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Nieve, mucha nieve. Ésas eran las vistas desde nuestra ventana. Podéis ver a las ovejas intentando resguardarse acercándose a la casa. La temperatura había bajado un poco más de lo previsto, y toda la lluvia que iba a caer lo había hecho en forma de nieve. No es raro que nieve en septiembre en Islandia, pero se había batido un récord en cuanto a su cantidad. De hecho, una de nuestras ventanas estaba parcialmente cubierta de nieve, esta es una foto del hotel por fuera:

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Por cierto, esta vez las fotos nos son mías, sino de catsandroids, que además de la conductora titular con nieve, también es especialista en fotos en condiciones extremas.

La nevada había pillado a los islandeses por sorpresa, con las máquinas quitanieves guardadas y las ovejas sueltas pastando por los campos. ¿El resultado? Carreteras cortadas y 13000 ovejas en paradero desconocido. Los granjeros islandeses normalmente las dejan sueltas hasta octubre, cuando las inclemencias meteorológicas son demasiado para las ovejas y entonces las recogen y las ponen a cubierto. En esta ocasión, tuvieron que coger sus motos de nieve para ir a rescatarlas, llegando a cavar en ocasiones hasta 2 metros para alcanzar a alguna, y descubriendo a veces que los zorros árticos habían llegado antes. Justo el día anterior nos habíamos cruzado con uno, y nos pareció que saltaba feliz, quizás porque anticipaba que iba a tener comida congelada para todo el invierno 😛

Con este panorama, evidentemente no nos atrevimos a coger el coche, que se veía así:

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Ni tampoco nos animamos a coger una de las bicis del hotel:

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Realmente, nuestra única opción era quedarnos en el hotel hasta que la cosa mejorara, y la verdad es que se portaron bastante bien con nosotros invitándonos a infusiones y gofres. En total fue un día y medio el tiempo que pasamos recluidos, pero viéndolo con perspectiva tuvimos mucha suerte. En primer lugar, la nevada cayó justo después de que llegásemos al hotel y, como íbamos a pasar tres noches, ya estaba todo despejado cuando teníamos que irnos. Hubo gente que tuvo que cambiar reservas y tirarse un par de días conduciendo como locos para llegar a coger su avión. Lo segundo, también hubo cortes de luz, pero afortunadamente nuestro hotel tenía generador propio. Y lo último y más importante… ¡los días siguientes fueron impresionantes, con todo el paisaje lleno de nieve! ¡Nos os perdáis los siguientes capítulos!

Publicado originalmente en https://fregandolosplatos.wordpress.com/ bajo licencia CC BY-NC-SA 3.0