De Paseo por el Glaciar

Al principio pensé en hacer aquí un resumen detallado del viaje a Islandia, pero cuando me dí cuenta de que eso iba a llevarme demasiado tiempo, decidí en su lugar contar sólo las cosas más impresionantes o más originales. Siguiendo esta idea, hoy os voy a sugerir que si vais a Islandia aprovechéis para daros un paseito por un glaciar.

Era nuestro quinto día de vacaciones y teníamos planeado visitar el Parque Nacional de Skaftafell. Llegamos al centro de visitantes a las 10 menos cuarto y vimos que había tours por el glaciar a las 10 en punto, así que ni cortos ni perezosos fuimos a preguntar si llegábamos a tiempo para apuntarnos.

Nos dijeron que sí, y que no se necesitaba equipamiento especial, sólo una chaqueta impermeable y botas de montaña, que es lo más normal que lleves puesto si estás visitando Islandia. Había varios tours de diferentes dificultades, pero ése era el más corto y sencillo, lo que nos venía bien porque el día anterior había llovido y este lo queríamos aprovechar a tope para visitar muchas cosas.

Nos dieron unos crampones, un piolet, y subimos al minibús que nos llevaría hasta la lengua glaciar Svínafellsjökull, parte del glaciar más grande de europa, Vatnajökull. Sí, vaya nombrecitos, ¿verdad? Si un sitio en Islandia no tiene un nombre impronunciable, ¡sospechad! ¡Puede que no esté en Islandia!

Este es el panorama que veíamos según nos bajábamos del minibús:

No tenía pinta de que pudiésemos pasar por ahí con un calzado normal, así que lo primero que hizo el guía fue enseñarnos a ponernos los crampones.

Minutos después, ya estábamos dando nuestros primeros pasos sobre el hielo. La cosa era bastante fácil, sólo había que evitar caerse en alguna grieta 😛

Paseo por el Glaciar

Es decir, por aquí no:

Nuestro guía, que podéis ver de naranja en la siguiente foto, siempre iba por delante para asegurarse de que el camino era seguro. Todos los días el glaciar era un poco diferente, así que no podía confiarse porque lo que ayer era un camino fácil hoy podía ser más complicado. En cualquier caso, nunca nos pareció difícil, y de hecho con nosotros iba alguna persona bastante mayor que también pudo hacer el tour sin problemas.

La marcha duró más o menos una hora y recorrimos un kilómetro ya que íbamos bastante lentros entre explicaciones sobre el glaciar y las fotos que íbamos haciendo. Llegamos hasta el punto en el que hielo se ponía más empinado, que suponemos se vería en los tours de más dificultad.

Antes de marcharnos, nuestro guía cogió el piolet y nos hizo unos peldaños en el hielo para que nos hiciéramos una foto en medio de una grieta con hielo azul. El tour se llamaba Blue Ice Experiencie, así que parecía que esto del hielo azul era un must. Insistió en que yo me pusiese en la parte de atrás, la misma en la que veis a él en la foto. Reconozco que ahí sí que pasé algo de miedo…

Tras la foto nos dimos la vuelta y volvimos al minibus, no sin antes detenernos a hacer alguna foto más. La verdad es que era una pasada caminar encima de todo ese hielo, que según nos contaron ¡tenía un espesor de casi un kilómetro!

Así que ya sabéis, si vais a Islandia, caminar por un glaciar puede ser una buena alternativa a la típica ruta de senderismo. La empresa con la que estuvimos nosotros se llama Mountain Guides, y buscando un poco podréis encontrar alguna más con diferentes horarios y tours.

Publicado originalmente en https://fregandolosplatos.wordpress.com/ bajo licencia CC BY-NC-SA 3.0

Landmannalaugar

Preguntando a algunos amigos que ya habían estado en Islandia, parecía que había un sitio que no había que perderse: Landmannalaugar. El problema es que es un sitio que está en el interior de la isla, y al alejarse de la costa empieza a hacer frío de verdad. De hecho, las excursiones organizadas al interior suelen hacerse desde junio a mediados de agosto, así que teniendo en cuenta que nosotros íbamos en septiembre, dudábamos que visitar Landmannalaugar fuese una gran idea. Por si eso fuera poco, es difícil llegar, y parecía que las opciones eran o ir con todoterreno por caminos en los que podría haber ríos que vadear, o bien coger un autobús que sólo te dejaba estar ahí dos horas a no ser que cogieses el del día siguiente tras pasar ahí la noche en tienda de campaña.

Así que como la decisión era muy difícil, hicimos lo que mejor se nos da: dejarla para más adelante 😀 Reservamos los albergues de tal forma que pegándonos una paliza podríamos ver Landmannalaugar dejando sólo de visitar un par de sitios menos importantes, y alquilamos un todoterreno porque, total, por caminos de tierra nos íbamos a meter de todas formas.

Una vez en Islandia, la previsión del tiempo decía que iba a hacer bueno cuando estuviésemos por la zona, así que nos informamos mejor de cómo llegar. Según nos contaron en la oficina de turismo de Reikiavik, había una ruta que llegaba a Landmannalaugar sin atravesar ningún río, al menos en esa época del año. Por si llega a este blog alguien que esté planeando su viaje a Islandia, aquí va un protip: el camino sin cruzar ríos consiste en coger la carretera 32 hacia el norte, pasar la central eléctrica, seguir un poco hasta el cruce con la F208, y ahí coger ésta última que va directa hasta Landmannalaugar. La 32 no está bien mapeada en Google Maps, así que si miráis ahí cómo llegar, os lo va a poner mal.

Con todo más o menos claro, nos pusimos en marcha un poco antes de lo habitual. Habíamos pasado la noche en el albergue de Árnes, que ya está en la carretera 32 y sólo a 100 km de nuestro destino, pero no nos fiábamos de las carreteras “F” Islandesas, que sólo son aptas para vehículos con tracción a las cuatro ruedas, y suponíamos que muy deprisa no íbamos a poder conducir.

Tras un tiempo conduciendo por la 32, con unas estupendas vistas del volcán Hekla a la derecha y de ovejas y caballos por todos lados, llegamos al cruce con la F208 con un cartel que ponía “Landmannalaugar”, por si teníamos alguna duda. Y es que antes nos habíamos despistado un poco con un falso cruce que nos hizo parar a preguntar, lo típico que pasa cuando vas por una carretera semidesierta, que te preguntas si te has equivocado de camino 😛

Al coger la F208 tenemos nuestro primer contacto con las “carreteras” sin asfaltar islandesas. Pongo lo de “carreteras” entre comillas porque ir por ellas es casi igual que conducir por caminos españoles. Una de las pocas diferencias es que la F208 es negra como el carbón. Origen 100% volcánico. No acepten imitaciones. Otra diferencia… bueno, mirad la foto.

Camino a Landmannalaugar

El paisaje empezó a cambiar rápidamente y por todas partes salían unas montañas raras, de color negro y rojo y con parches de musgo verde. Destacaban mucho en medio de la llanura de tierra negra. A pesar de lo desolado del terreno, de lo que no podíamos librarnos era de las ovejas. Normalmente estaban en parejas o grupos de tres en partes del terreno con algo de verde, pero de vez en cuando también se encontraban en medio de zonas totalmente desoladas. Siempre que pasábamos nos seguían con la mirada, igual que hacen los viejos de mi pueblo cuando pasas por delante de ellos mientras toman el fresco en la puerta de su casa. Lo único que ellos suelen empezar a hablar en cuanto creen que no les oyes, mientras que las ovejas islandesas se quedaban calladas, como rumiando (pun intended) sus pensamientos.

La verdad es que la carretera era incómoda por los baches y todos los charcos que había que sortear, pero sólo nos parecieron peligrosos un par de tramos cortos que tenían mucha pendiente. Al cabo de casi una hora conduciendo por la F208 ya empezábamos a divisar Landmannalaugar. Nosotros no lo sabíamos, pero en esta foto desde el coche ya se veían Bláhnjúkur, la montaña que pensábamos subir, y Brennisteinsalda, la que subimos finalmente. Las he señalado con una flecha azul y una roja, respectivamente. ¡Fijaos en que tenían nieve!

Al poco rato llegamos al parking que había antes del camping. Si se quiere pasar la noche en este sitio, prácticamente la única opción es llevarte la tienda de campaña o una caravana. Eso sí, se pueden usar la cocina, y los baños y duchas que hay en unas cabañas. Creo que también tienen algunas literas, pero muy difíciles de reservar. En el mismo camping hay otro aparcamiento, pero para llegar a él había que atravesar un riachuelo. Parecía muy fácil, pero no quisimos arriesgar la integridad de nuestro coche por ahorrarnos 500 metros a pata. Os pongo la foto de un valiente:

En nombre Landmannalaugar significa algo así como “baños de la gente”, y efectivamente había unos baños termales y gente disfrutando de ellos. Nosotros decidimos pasar porque íbamos a estar poco tiempo y porque aunque el termómetro del coche marcase 6º, que ya es poco, venía un viento helado que hizo que nos pusiésemos el gorro y los guantes. Como no, también había ovejas, aquí las podéis ver con el campo de lava al fondo. Efectivamente: las ovejas islandesas tienen cuernos. Además pegan buenos saltos, lo que me hizo desarrollar la teoría de que son cabras disfrazadas.

La gente suele ir a Landmannalaugar para pasar un día completo o incluso varios haciendo senderismo. Como nosotros disponíamos de menos tiempo, nuestra idea era recorrer la ruta 6 de la guía Rother, que salía del camping atravesando el campo de lava, giraba a la izquierda pasando por la zona geotérmica, volvía a girar para subir Bláhnjúkur, y terminaba bajando otra vez hasta el camping en un recorrido de unas 3 horas. Así que enfilamos hacia el campo de lava, siguiendo a unos cuantos visitantes que acababan de llegar en autobús (4×4, of course).

El paisaje era muy bonito, con el campo de lava negro azulado con sus trozos de musgo y las montañas al fondo. Yo no tenía muy claro cuál podía ser Bláhnjúkur, porque según mis cálculos era una cacho montaña con un montón de nieve por la que parecía que no subía ningún camino, y la Rother no nos sugeriría tal ruta, ¿verdad? Error, luego descubrimos que sí que era esa. Mirad la foto y decidme si veis fácil subir y volver, todo en un par de horas.

Bláhnjúkur

Al fondo se veían las montañas nevadas que salen en todas las fotos. La verdad es que era un paisaje muy raro, tanto que parecía pintado. Cuando llegamos al final del campo de lava pudimos verlas de más de cerca, pero la sensación de irrealidad seguía ahí. Lo mismo pasa con las fotos que hicimos. Fijaos también en cuánta nieve tenían y en que hay algunos puntos blancos en el prado de abajo. Ovejas, cómo no.

Después de pasar el campo de lava llegamos a la parte geotérmica, que tenía alguna solfarata maloliente, aunque nada comparado con las que veríamos otros días del viaje. En este punto nos fijamos en que nadie iba por la ruta que pensábamos hacer y tampoco vimos ningún camino marcado. En cambio, la mayoría de los visitantes subían a Brennisteinsalda y volvían otra vez por el campo de lava hasta el cámping, así que decidimos imitarles.

La subida hasta Brennisteinsalda resultó bastante fácil, aunque en algún punto el viento soplaba tan fuerte que parecía que nos podía derribar. Las vistas empezaban a ser espectaculares, y se podían ver montones de colinas con colores raros alrededor de nosotros.

Vistas desde Brennisteinsalda

De la nieve que se veía antes a lo lejos ya casi no quedaba nada, aunque sí que había bastante en alguna de las colinas vecinas que estaban más resguardadas del sol.

Finalmente, coronamos, y en la cima sí que el viento parecía que te podía levantar y mandarte hacia abajo por la vía rápida, así que no nos entretuvimos mucho ahí arriba. Podéis disfrutar de las vistas de 360º desde Brennisteinsalda en este enlace, ¡y sin frío ni viento!

Como ya era un poco tarde, intentamos darnos prisa para volver al coche, aunque como entonces el sol ya calentaba algo y el viento empezaba a amainar, no pudimos resistir la tentación de pararnos a hacer unas cuantas fotos más. La pradera que hay entre las montañas de lava y las montañas resulta que es un campo de algodón.

Montañas entre Algodones

Como véis, la mayoría de la nieve ya se había derretido. Se podía estar sin guantes ni gorro y se estaba mucho más a gusto, así que empecé a jugar con encuadres del campo de lava con las montañas al fondo. Ahora no sé cuál me gusta más ¿vertical u horizontal?

Landmannalaugar I

Landmannalaugar II

De todas formas, al final nos dimos cuenta de que aún teníamos mucho que hacer por delante, y tomamos el camino de vuelta. Al poco rato, el campo de lava se acabó y ya se veía el camping.

Había gente cocinando, pero como teníamos prisa y el coche a medio kilómetro, decidimos tomarnos un sandwich rápidamente en el mismo coche y seguir con el viaje. Aún nos daría tiempo de visitar la granja de Stöng, y las cataratas Seljalandsfoss y Skogarfoss, que por suerte estaba a un paseo del albergue, donde pudimos dejarnos caer rendidos 😀

[Actualización 16-10-2012] Por lo que veo, sí que hay gente que sube a Bláhnjúkur, o mejor dicho “gatea hasta la cima”. Eso es lo que cuenta un aventurero en su blog, que encima luego volvió a la carretera 1 por el camino sur, atravesando ríos con su bici. Qué crack.

Publicado originalmente en https://fregandolosplatos.wordpress.com/ bajo licencia CC BY-NC-SA 3.0